Opinión

Subdirector de Faro de Vigo
Acertar con La Panificadora

Estado actual del ámbito de La Panificadora / Marta G. Brea
Los vigueses —no todos— conocen poco o muy poco su patrimonio industrial. Viven del mar pero, curiosamente, de espaldas a él. El puerto sigue siendo un gran desconocido tras una valla pese a los intentos de los últimos presidentes por abrirse tímidamente a la ciudad. Otros muchos trabajan en el metal, los astilleros o la automoción y tampoco son conscientes de las joyas arquitectónicas vinculadas a sus oficios que se han perdido o languidecen entre promesas de rehabilitación.
Es el precio a pagar por el progreso y crecimiento de la ciudad, vale, pero es una pérdida irrecuperable. En Reino Unido, cuna de la revolución industrial, sí se protege este patrimonio. Más allá de la relevancia arquitectónica de las antiguas fábricas, los británicos han tenido en cuenta su significado para la población —los barrios obreros crecieron alrededor de estos espacios de trabajo—, de la misma manera que aquí se han conservado iglesias, palacios o murallas (aunque muchas también han caído en el olvido).
En el área de Vigo hay muchos ejemplos. La Metalúrgica, por lo que representó para el desarrollo de los sectores del metal y la conserva, ocupa un papel destacado. Una parte de la antigua fábrica de envases de hojalata fue recuperada —ahora se alza la nueva sede de la Tesorería de la Seguridad Social—, no sin polémica, mientras la otra sigue deteriorándose sin solución a la vista. ¿Más? La Artística, la nave de Alfageme en Bouzas, la fábrica de Álvarez en Ramón Nieto, el embarcadero de minerales de Rande (Coto Wagner), la conservera de Massó en Cangas... y La Panificadora, en el Casco Vello.
Mirar atrás es inútil, malgastar energía. Pero algunas joyas de este Vigo de la revolución industrial aún tienen futuro. Es el caso de La Panificadora, que a punto está de cumplir un siglo y cuyo renacer acumula decenas de proyectos y maquetas pero sigue bloqueado pese a la voluntad de Concello y Zona Franca. Esta mole, que llegó a producir cerca de 48.000 kilos de pan al día y evitó —literalmente— que Vigo pasase hambre, lleva más de 40 años abandonada y no hay una idea clara de a qué se destinará. Si cogemos la hemeroteca, se han barajado espacios para danza, teatro, salas de ensayos, un centro de I+D de gastronomía, coworkings, un centro de emprendimiento, gimnasio, un centro social para jóvenes y personas de la tercera edad, spa, cafetería... También se planteó su aprovechamiento para viviendas —un pelotazo en toda regla—, algo totalmente descartado.
Tras el revés del TSXG al Plan Especial de La Panificadora, que frustró su renacimiento, Concello y Zona Franca están sentando las bases para un nuevo convenio que active de una vez por todas su rehabilitación, al amparo del Plan Xeral. Sin duda una oportunidad —espero que la definitiva— de conectar el nuevo Casco Vello con el futuro Barrio do Cura, éste ya en obras. Pero antes de levantar las grúas, deberíamos tener claro a qué se va a destinar —lo mismo opino para el Fraga, por cierto—, y acertar. Porque continentes sin contenido sobran en Galicia, como el dispendio milmillonario de la Cidade da Cultura. No se me ocurre un ejemplo mejor.
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