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Opinión

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

Coser el centro de Vigo al puerto

Vista de edificios y naves junto a Beiramar

Vista de edificios y naves junto a Beiramar / Marta G. Brea

Vigo puede acabar de una vez por todas con la gran brecha que mantiene separada a buena parte del centro de la ciudad del puerto: la Avda. de Beiramar. Las alegaciones al nuevo Plan de Usos de Praza da Estrela han devuelto al corazón del debate público un proyecto estratégico en clave de integración como es el soterramiento del tráfico de esta saturada arteria y su consecuente peatonalización. ¡Al fin! Una obra concebida hace más de 20 años y que como el Guadiana ha sido recuperada en precampaña electoral por unos y por otros para luego volver a ese gran cajón de sastre en el que por desgracia se acumulan las inversiones transformadoras para Vigo.

Es el sueño de cualquier urbanista que conozca un poco esta ciudad. Acabar con esa barrera en forma de cuatro carriles entre el casco urbano y el frente marítimo, dando continuidad al túnel y facilitando el desarrollo y la humanización de un entorno privilegiado por su cercanía al mar y a la vez totalmente abandonado, vestigio de un patrimonio industrial de otra época que se debería recuperar para el disfrute de todos. Y remarco ese de todos.

Ahora parece que los astros empiezan a alinearse sobre esta propuesta y que los que siempre han dicho no, es decir, la propia Autoridad Portuaria y las empresas y asociaciones que operan en la zona, en especial la Cooperativa de Armadores, están dispuestas a aceptarla siempre que se garantice su actividad y no pierdan ni un metro cuadrado de su preciado espacio portuario. Por cierto, las mismas que tampoco veían con buenos ojos el carril bici entre Areal y Bouzas, y ahí está. No creo que se haya perdido empleo ni que hayan dejado de facturar por una senda que disfrutan cientos de ciclistas y peatones y que va en línea de esa ansiada integración puerto-ciudad. Lo que se necesita es altura de miras.

Técnicamente complejo, sí, pero no imposible. Ya tenemos un túnel que lo demuestra —los 1,1 km entre Beiramar y Areal, que convirtieron una zona sin luz en un lugar floreciente— y hay otros ejemplos no muy lejanos como el de O Parrote en A Coruña —al que la Xunta destinó 12 millones de euros—, que permitió la renovación de su fachada marítima. Costoso, claro está, pero esta ciudad no merece menos. Una obra que debería ser cofinanciada por varias administraciones —el túnel de Areal costó 15 millones de euros y lo pagó la Zona Franca con apoyo del Concello, el Puerto y la Xunta—. Un proyecto transformador que mejorará la calidad de vida de los vigueses, dando continuidad a la revitalización del entorno iniciada con el auditorio Mar de Vigo, el hotel y la promoción de Cordelerías Mar, y que no tendría por qué afectar en nada a los negocios portuarios. Al contrario, permitiría atraer talento para las empresas porque, ¿quién no querría vivir —y trabajar— a escasos metros de un paraíso como la ría de Vigo? Pues eso.

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