Opinión
El eufemismo de lo público
La escuela concertada, que tendría que haber ido desapareciendo, poco a poco ha ganado más adeptos y cada año son los centros más solicitados
Es una realidad aceptada por todos y por eso mismo tiene que ser cuestionada, ya que no favorece la igualdad ni la integración y sí alimenta un elitismo bastante decimonónico basado fundamentalmente en una prenda de vestir: el uniforme. Desde los años ochenta, cuando el Gobierno socialista de Felipe González comienza a concertar centros privados, principalmente religiosos, para dar respuesta a una política educativa que quería convertir la educación en algo accesible a todas las capas sociales, hemos ido viendo cómo la escuela pública se ha ido debilitando y, sin embargo, la escuela concertada, que tendría que haber ido desapareciendo poco a poco, ha ganado más y más adeptos y cada año vemos cómo los centros más solicitados por los padres y madres españoles son los centros concertados y lo son por dos razones: por ese elitismo decimonónico al que me refería anteriormente y que tanto gusta en esta sociedad rimbombante y muy de poses y porque a los centros concertados no van niños de padres inmigrantes, ni van niños de padres con escasos recursos económicos y tampoco van niños que precisan de escolarización para desdramatizar su propia situación vital o familiar. Por eso, y viendo de qué forma a nuestros políticos se les llena la boca hablando de lo público, debería ser el momento de hacer una apuesta decidida en apoyo y defensa de la escuela pública en la que, fundamentalmente en las grandes ciudades y en determinados centros, se concentra un número muy alto de niños de padres inmigrantes o con bajos recursos económicos, lo que ni favorece la integración, ni desarrolla la igualdad y tampoco es un ejemplo de sociedad solidaria y justa.
Nadie en su sano juicio pediría que de la noche a la mañana se cerraran todas las escuelas concertadas, sería un suicidio colectivo y no aspiro a ello, pero sí es necesario reestructurar todo el sistema educativo y favorecer con más recursos, no solo económicos, también de personal y de instalaciones, a los centros públicos que están saturados y que acogen al 100% de esos niños cuya situación de partida no es tan favorable y que solo a través de la educación gratuita y pública pueden aspirar a tener un futuro semejante al de cualquier otro niño español. No debemos esperar, hay que empezar a avanzar ya en ese sentido, porque si no cuidamos y respetamos a nuestra escuela pública al final la acabaremos convirtiendo en ese lugar al que nadie, si puede elegir, quiere acudir y eso significaría el fin de todos nuestros valores.
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