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Opinión | Con lo bien que iba todo

Química

Escucho a algunas personas declarándose enemigos de la química, repudian todo aquello que lo parezca valiéndose de su aspecto para juzgar qué es y qué no es química. Un saco sobriamente etiquetado con el nombre de un laboratorio, algún sello, un código de barras, unas palabras en latín y las siglas NaCl, convierten en un peligroso producto químico lo que no es otra cosa que sal común. Queridos, tengo malas noticias: todo, absolutamente todo en el planeta, está compuesto por una mezcla de elementos de la tabla periódica que seguro recordáis de aquella asignatura llamada –no por casualidad– Química. El agua, el aire, la caspa o el guiso de carrilleras que tan bien te sale es química, todo química y nada más que química. Entonces aparece la sonrisa condescendiente para explicarme la diferencia entre la química del saco y las soluciones naturales, medicinales, riquiñas. Ya sé que no suena bien lo de aportar nitrógeno al suelo, pero el nitrógeno es nitrógeno eches guano o lo saques del saco. La palabra química tiene tan mala prensa, y la palabra natural la tiene tan buena, que olvidamos que no hay nada más natural que la química, y que los remedios de la herboristería no son sino remedios químicos despachados en forma de planta en lugar de cápsulas con el mismo principio activo. Hierro (Fe) en forma de lentejas, Coles de Bruselas cargaditas de potasio (K).

Y ya puestos a hablar de química y de ecología, viene a cuento la tendencia creciente a conseguir la descarbonización como método infalible para un planeta mejor. Tal como mencionaba, todo es química en este mundo, y eso nos incluye a nosotros, los pérfidos seres humanos culpables hasta de la desaparición de los dinosaurios con los que ni siquiera compartimos piso. Sugiero por tanto que una eficaz forma de descarbonizar el planeta y crear una atmósfera idílica, es acabar con cada uno de nosotros, que somos carbono en un 19%. Dejaríamos todo limpito. Es cierto también que cuando pensamos en carbono nos viene a la cabeza un tubo de escape o una chimenea de fábrica, y no; veo a diario seres humanos que tienen sus átomos de carbono muy bien colocados. Los míos van a peor.

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