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Opinión | Haciendo amigos

Matar menas a cañonazos

Menores no acompañados siendo atendidos.

Menores no acompañados siendo atendidos. / Gelmert Finol

Pensaba comenzar este artículo escribiendo “Pobre gente, pobres chavales…”. Pero no. Esos “pobres chavales” son, por fortuna, mucho más inteligentes que la mayoría de quienes los están utilizando como moneda de cambio para tener algo sobre lo que seguir descargando su miseria. Que ellos, esos chavales, son lo bastante listos como para saber que nada más los están utilizando como el chivo expiatorio de turno con el que despistar la atención ahora mismo. De modo que de “pobres chavales” nada, que lo último que necesitan ahora es nuestra condescendencia estúpida. Pero, una vez aclarado esto… Madre mía, menuda turra la que ahora nos toca soportar.

Porque todos sabemos que el verano siempre es una mala temporada para la cosa de la “tensión informativa”. En julio todo se relaja, y la noticia más consultada suele ser algo relacionado con las medusas, los riesgos de tomar el sol en pelotas o, sobre todo, la del primer fodechinchos al que la marea se le lleva el coche. En definitiva: malos tiempos para la política… Pero claro, ellos también necesitan su cuota de casito, ¡no vaya a ser que olvidemos lo importantes y necesarios que son estos politiquillos de medio pelo en nuestras vidas! Si a esto le sumamos aquello que decía Groucho, lo de que La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, emitir un diagnóstico equivocado y después aplicar los remedios incorrectos, pues… a ver, al final resulta que la realidad se explica sola.

Por más que una buena parte de nuestra clase política se empeñe en dirigirse a nosotros, los ciudadanos, para tratarnos como si fuésemos directamente gilipollas, lo cierto es que basta la suma de una atención mínima y un poquito de memoria para comprender –con bastante aburrimiento– que ya están intentando colárnosla otra vez… Y así, acabamos asistiendo a la enésima “cuestión de estado”, a la siguiente amenaza a la integridad española y, una vez más, a la madre que parió a Panete, encarnado todo ello esta vez en una forma muy concreta: los menas.

En esta ocasión, la cosa va de la negativa a aceptar el reparto en la acogida de los menores no acompañados, con unos señoros muy preocupados, preocupadísimos de hecho, por el saqueo inminente de nuestras ciudades a manos de todos estos menores que, con el machete entre los dientes, se han lanzado al océano con la única intención de violar a todas (¡a todas!) las jovencitas que se les pongan a tiro, con especial preferencia por aquellas que sean hijas probadas de cristianos viejos. Poco más o menos…

E igual piensan que soy yo el que exagera. Pero no.

A poco que uno preste ese mínimo de atención del que hablaba antes –y que, en realidad, no merecen–, comprobará sin ningún tipo de dificultad ese es el “enemigo” que vende su discurso, un relato exagerado, sobreactuado, cargado de odio al extranjero, siempre que ese extranjero sea moro, negro, pobre, maricón, hijo de fruta, comunista, a por ellos… y toda esa mierda constante. La pose histriónicamente alarmada, amparada en una ideología que, en realidad, no se creen ni ellos mismos… Pero, claro, atrapados en la peste de su propio constructo, ahora es lo que toca: aparentar una terrible mano dura contra algo que, en realidad, no la merece. Ni mucho menos…

Porque un mena también es una niña de quince años que ha perdido a sus padres en el océano. Un chaval de doce que se muere de miedo mientras aún se pregunta cómo ha sido capaz de salir del mar. Un crío de cinco años que tiene hambre. Pero no sabe quién le dará de comer esta noche… Díganme, ¿a quién coño van a violar estos tres? ¿De verdad somos tan estúpidos como para tragarnos todas esas mentiras? ¿En serio los vamos a confundir con un problema? ¿Dónde cojones hemos dejado el sentido común? Por no hablar ya del corazón…

Vale que siempre es muy divertido ese número de circo en el que dos payasos, a cada cual más incompetente, se ponen a discutir entre ellos a ver de quién es la culpa del enorme desaguisado que todos les hemos visto montar a los dos solitos, justamente por eso, por ser dos completos inútiles. Y sí, hombre, un poco de circo siempre está bien, tanto más en verano. Pero esto ya es pasarse... Esta semana hemos visto cómo a los de la corbata verde les ha importado tres carajos la estabilidad de varios gobiernos autonómicos con tal de seguir dando su turra infinita, indignadísimos por la amenaza de un problema que, todos lo sabemos, nunca ha existido.

Ojalá estos y todos sus amigos que ahora se ponen de lado se dejasen de estupideces, y empezasen a trabajar en cuestiones que realmente importan. Que por lo menos, ya que ahora están ahí, sirvieran para algo. Pero claro, eso sería trabajar. Y, para alguien que nunca ha salido del chiringuito… Amigo, ¡eso ya sería pedir demasiado!

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