Opinión

Cuatro Cosas

A ver, fratres. Le cuentan a avecilla que nadie debe darse por satisfecho con el reparto de chollos –o sea, puestos de comisarios– en la UE. Porque dicen las malas lenguas de Bruselas, que allí las hay peores que en Madrid, que la vice Rivera no quiere sólo el acta de eurodiputada sino algo parecido a lo de Borrell. Y que, si no, se queda donde está. Y, de rebote, cierta alcaldesa de por aquí, que llegó a sonar para ministra, catacróc. Mandaría caralho. ¿No?

Bueno, aún quedan elementos para creer que la todavía ministra ytalytal pueda llegar a un comisariado, y se llegó a rumorear el de Pesca. Pero es improbable: cuando se oyó algo de eso, las diferentes especies marinas en riesgo de extinción salieron huyendo en masa. Con rumbo al mar de la China. Según se comenta en círculos solventes, allí correrían menos riesgos de los que supondría doña Teresa. Y quien lo dude, pregunte aquí en el sector industrial. Ojo.

Hablando de otra cosa –la posibilidad de auditoría en una de las diputaciones gallegas–, avecilla cuenta que al parecer la hipótesis se aleja. El equipo que estuvo antes fue aún más eficaz que Sitting Bull, el jefe de los siux a la hora de cargar contra Custer en el Little Big Horn, y no dejaron huella. De modo que no habrá batalla, aunque es verdad que durante estos días atrás, la actual oposición, enterada del renuncio, sacó pecho. Pero muy poco. Uf...

Por lo que a chollos se refiere, el que no parece que le vaya a tocar a Galicia es un comisario de Pesca. Se han perdido oportunidades de primera categoría, cuando el jefe de la cosa aquí era Quicón y, después, algún que otro perfil pero no hubo suerte. El resultado de la ausencia de autoridad seria en ese departamento europeo se puede resumir en que a nuestra flota apenas le queda sitio en la bañera. Se han perdido barcos, tripulaciones, recursos financieros y capacidad de innovación. Y todo eso en beneficio de los lobbies industriales. O sea, los poderosos. ¿Capisci?