Opinión | Crónicas galantes

Coches al agua

El verano no comienza en Galicia hasta que el mar se traga el coche de un veraneante. Al igual que el canto del cuco anuncia la primavera, la inmersión del primer automóvil imprudentemente aparcado nos da noticia de la llegada del estío.

El acto inaugural se produjo este año en Muros, allá por tierras –y aguas– del Barbanza, donde un turista encontró acomodo para su vehículo en la rampa del puerto, generalmente utilizada para el trasiego de embarcaciones.

Alega el perjudicado que en el lugar de autos había otros vehículos estacionados: y algunos de ellos en posición más cercana al mar que el suyo. Visto así, no le falta razón. Si acaso, no tuvo en cuenta la posibilidad de que los demás automovilistas fuesen gente autóctona y, por tanto, conocedora de que el mar sube y baja con fuerza por aquí.

Con muy buen criterio, el conductor se queja de que la Xunta no informe del horario de mareas por medio del pertinente cartel en la rampa donde sucedieron los hechos.

Nada hubiera ocurrido si la autoridad competente avisase de que la pleamar llegaba ese día a las seis de la tarde, pongamos por caso. Correctamente informado, el veraneante apuraría el almuerzo para evitar que las traidoras aguas de la ría se cebasen con su coche.

Los menos comprensivos retrucarán que en esas zonas portuarias existen carteles que prohíben no ya el aparcamiento, sino el mero acceso de los vehículos. Hay que ser más amables con la gente que nos honra con su visita. El involuntario protagonista del suceso de Muros vive, según las noticias, a orillas del Mediterráneo, que es mar manso en el que no se dan las a menudo altas mareas del Atlántico norte. Y no tenía porqué saberlo, como es natural.

“Algunos automovilistas confunden el coche híbrido con el anfibio”

Lances como este se repiten cada verano en Galicia, lo que bien merecería una investigación sobre las causas. A las más evidentes habrá quien sume la posibilidad de que algunos automovilistas confundan el coche híbrido con el anfibio, de tal modo que eso los lleve a despreocuparse por la subida de las aguas. Pero tampoco conviene ir tan lejos con la guasa.

En realidad, estas cosas no solo ocurren con los veraneantes, como pudiera parecer. También los vecinos del país sufren a veces estos chapuzones indeseados en cualquier época del año, si bien la causa no suele ser un mal aparcamiento. Más de un caso se ha dado de parejas que cayeron al mar debido a la práctica de actividades recreativas dentro del coche.

Como quiera que sea, alguna solución habrá que encontrar para que la marea no siga chafándoles las vacaciones a los turistas desprevenidos que eligen este viejo reino como destino de recreo. Incidentes como el que ha inaugurado este verano en Muros suelen ser motivo de jolgorio en los bares del país; pero maldita la gracia que ha de hacerles a quienes los sufren.

Igual no es tan mala idea que las autoridades galaicas adviertan por estas fechas a los veraneantes de que el puerto es para los barcos y la calzada para los coches. A veces, no queda otra que incurrir en la obviedad.

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