Opinión | sol y sombra

Los amigos de Putin

Vox se ha situado en el extrarradio de la derecha nacionalista europea más radical al unirse al prorruso Orbán el mismo día en que este se entrevistaba en Moscú con Putin en medio de una oleada de indignación por parte de los socios de la UE. Las posturas conciliadoras de Meloni parecen no satisfacer a Abascal, que teme, además, que la agrupación del antisistema Alvise penetre en el espacio intransigente que lidera. La fuerza que abandera el líder húngaro se llama Patriotas por Europa, un nombre que no parece cuadrarle del todo cuando muestra tanta afinidad con el enemigo fundamental de los valores europeos como es el dirigente de Rusia. El patriotismo, de todas formas y como escribió Maupassant, es el huevo de donde nacen todas las guerras y el último refugio de los canallas, según Samuel Johnson.

El oportunismo de Abascal opera en todo momento en cualquier clase de contradicción. Tan pronto dice profesar la mayor admiración por Giorgia Meloni como no tiene inconveniente en separarse de ella para buscar mejor fortuna junto a Viktor Orbán, un político sancionado por incumplir leyes y vulnerar derechos comunitarios de los inmigrantes en contra de las advertencias de la UE que ahora preside debido al sistema rotatorio. En Hungría se ha caracterizado por el proceso iniciado para suprimir la separación de poderes y por los ataques frontales a los jueces, eso mismo que Abascal dice criticar en España cuando se trata del Gobierno de Pedro Sánchez. No es extraño que Orbán congenie con el liberticida ruso del Kremlin y tampoco que lo haga el líder de Vox, pese a haberse prodigado en la discordancia mientras decía estar del lado de Ucrania. Cuando le vino bien denunció las ayudas del Kremlin a los independentistas catalanes, y ahora se ha juntado al aliado de Putin. Los votantes de Vox deben saber con qué clase de políticos se la juegan a la hora de depositar su papeleta en las urnas. Y el Partido Popular, con quién se entiende.

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