Opinión | Crónica Política

Los encuentros

Habrá que ver si los encuentros anunciados del presidente de la Xunta con el del Gobierno central –aunque ya verá si se celebra por fin– y el alcalde de Vigo sirven para algo. A día de hoy, y para ser sinceros, nadie aguarda algo de ambos, aunque tampoco se discute que el diálogo entre los señores Rueda y Caballero tiene un margen mayor para algún tipo de entendimiento que el hipotético de Moncloa, y eso que don Abel mantiene ante el Ejecutivo autonómico actual, y según declaró, las mismas reivindicaciones que cuando el que ocupaba San Caetano era el señor Feijóo.

No se trata sólo de diferencias materiales, sino también personales, de carácter. El alcalde vigués lleva denunciando una supuesta hostilidad de la Xunta hacia el gran municipio del suroeste, que se traduciría en ausencia de interés y de inversiones, así como retrasos intencionados en gestiones que ambos gobiernos deben resolver juntos. El Gobierno gallego lo niega, y suele replicar, oficiosamente, denunciando la supuesta demagogia del primer munícipe olívico.

En términos de Galicia, resulta evidente, y ya comentado, que a este Antiguo Reino le convendría un entendimiento entre ambos personajes. No se habla tanto de pactos, aunque fuese de mínimos, cuanto de que bastaría con un cese de hostilidades. Y se deja escrito que entre ambos –don Abel y don Alfonso– existen también diferencias personales, de carácter, pero quizá algo menores que las que alejaron al alcalde y al expresidente Feijóo; don Alfonso es menos explosivo, pero don Alberto, con mayor experiencia, es más duro de pelar.

Por lo que respecta al otro encuentro, solicitado por el presidente gallego, pero todavía sin confirmar, es muy difícil que ofrezca soluciones realistas a los principales problemas de esta tierra. Que no es preciso mencionar, ya que son tan numerosos como antiguos, y los precedentes no animan demasiado. Con los anteriores gobiernos y con este, aunque el actual con peor balance, agravado ahora por la dedicación exclusiva de don Pedro Sánchez a la tarea de seguir donde está. Cueste lo que cueste.

Así, la “cumbre” monclovita apenas servirá para cumplir con un protocolo que no siempre se practica, y que, además de lo que precede, decae en trascendencia si se tiene en cuenta la extrema tensión de las relaciones entre los respectivos partidos, PP y PSOE, a la vez que la escasa credibilidad del presidente Sánchez, envuelto en escándalos que, en otro país democrático ya habrían provocado su dimisión irrevocable. Por eso los más pesimistas no hablan de encuentros, sino de desencuentros.

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