Opinión | Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La chapuza

Resulta probable que una parte de la opinión pública, y quizás no tanta de la publicada, apenas muestre sorpresa por la chapuza que populares y socialistas han protagonizado en O Carballiño. Y eso que es de las que hacen historia, aunque sea local. Se trata de que PSOE y PP se ponen de acuerdo para mantener al alcalde, muy cuestionado, en su puesto durante dos años de los tres que le quedan, y el tercero y último será relevado por el candidato del PP, garantizándole su apoyo.

Conste que la chapuza de que se habla no es nueva. En su día, un alcalde de Baiona, conocido por la villa como “Chicho”, acordó también con el PPdG dividir el mandato en dos partes, con un par de años para cada uno. El primer turno correspondería a “Chicho”, que llegado el plazo decidió no renunciar, completar así la legislatura local y dejar en evidencia la estupidez política de su teórico rival. Aquello debió constituir un precedente como advertencia para incautos, pero ya se ve que no fue así.

Sin embargo, lo más grave no es que se plantee de nuevo algo parecido, sino que los dos partidos le tomen el pelo a los habitantes de la villa, segunda más poblada de la provincia tras la capital. Una burla a quienes les apoyaron, pero sobre todo al sistema, ya que en lo que consiste como fondo es que tanto uno como otro de los pactantes no merece otra cosa que el repudio. Lo lamentable es que nada puedan hacer quienes les respaldaron hace ahora poco más de un año, porque carecen de un instrumento que rectifique lo que ha sucedido.

Así las cosas, la cuestión de fondo es cómo hacer que se respeten los resultados electorales. Las chapuzas, y hay que insistir en el término, postelectorales son frecuentes en los ayuntamientos e incluso algunos pactos extraños aparecen a nivel autonómico, pero hasta ahora había un referente en cierto modo garante a nivel estatal de estabilidad: en las generales, gobernaba la lista más votada. Así fue en todos los gobiernos hasta la llegada de don Pedro Sánchez al palacio de la Moncloa. Para disimular, se inventó lo de “mayoría social”. Que es falso.

(Todo ello trataba de justificarse a base de tópicos como ese –el de la “mayoría social”–, pero es evidente para cualquiera que se fije que es un grave error. Es imposible meter en el mismo saco de “progresismo” a la ultraderecha supremacista catalana que es Junts y a grupúsculos de la ultra izquierda como son Podemos o Sumar. Lo de O Carballiño parece una anécdota, pero es también serio: por lo dicho de ofensa al electorado y por –al menos por el lado socialista– carecer de la autorización expresa de sus órganos de gobierno interno. Y eso que aún no se ha relacionado el asunto con la Diputación Provincial de Ourense. Pero se hará, y pronto).