Opinión | Crónica Política

La singularidad

Hoy en día se ha puesto de moda un concepto que, según se interprete, tiene varios significados: la singularidad. Uno de ellos, indiscutible, es el que se refiere, por ejemplo, a cada comunidad de las que conforman España, porque cada una tiene algo diferente a las demás. Pero eso no las hace desiguales a la hora por ejemplo del reparto de la financiación autonómica, o al menos no como interpreta la inefable ministra de Hacienda el asunto. Procede recordar que doña María Jesús Montero ofertó a ERC “un trato especial” si votaba a favor de Salvador Illa como presidente de la Generalitat catalana.

O sea, que su señoría propone dinero a cambio de los votos de un partido, aunque elude hablar de cantidades concretas. Hay dos factores especialmente polémicos en esa oferta: uno, que el propio presidente del Gobierno de la España toda reiteró el ofrecimiento prácticamente con las mismas palabras que su vicepresidenta; el segundo es una novedad porque hasta ahora el intercambio de euros por apoyos se hacía casi siempre sin citar el dinero, aunque todos sabían que la parte financiera era vital. Ahora ya no hace falta guardar cierta prudencia.

Todo esto de la singularidad desemboca en pura y dura desigualdad. Con el agravante de que introduce un elemento nuevo que es la tentación de dividir aún más el voto separatista catalán. Pero esa táctica es contraria a la teoría del señor Sánchez de que cultivando el apoyo de Junts y de ERC en su favor se contribuiría a la superación del llamado “conflicto catalán”. La realidad es que el pasado año necesitaba don Pedro los votos de ambos partidos nacionalistas, pero ahora solo precisa a uno de ellos porque lo que quiere es que apoyen al PSOE, que ganó las elecciones allí. Justo lo contrario de lo que hizo en el mes de julio del año pasado cuando fue derrotado en las generales.

Lo peor de todo esto no es que se reconozca la singularidad, sino que se insista en considerarla en algo que es evidente, tal como la desigualdad. Dicho de otra manera la propuesta de Sánchez y Montero a ERC no solo es injusta e interesada, sino que podría considerarse una reducción de algunos conceptos básicos en la democracia. Y ahora que se habla tanto de “regeneración” no estaría de más empezar por respetar la Constitución cuando asegura que todos los españoles son iguales ante la ley.

Galicia, entre otras comunidades pagará la parte más penosa de la supuesta singularidad. Por una razón sobre todas: que ese concepto no se aplica aquí para compensar el coste de servicios públicos indispensables como educación, sanidad o política social. Que son más caros en este lado del Padornelo porque el país tiene una muy alta edad media en su habitantes y por el alejamiento poblacional.

Hace muchos años que se viene reclamando la concesión de ayudas por esa singularidad, pero sin efecto positivo alguno. Ningún gobierno democrático ha aceptado la evidencia, y Galicia sigue esperando que se matice el criterio del número de habitantes como único para el reparto de la financiación autonómica.