Opinión

/ Paco Vedra

Cuatro Cosas

Van a tener, los poncios de las presidencias de la Xunta y del Gobierno, que tomarse en serio al colectivo de letrados y procuradores de oficio. Porque al darse de baja en las listas de los respectivos colegios están limitando los derechos de quienes necesitan asistencia jurídica por carecer de recursos. Y eso es responsabilidad de los que no cumplen con su deber, que son los que mandan en Santiago y en Madrid. Y de paso, incumplen la Constitución, aunque eso ya se está haciendo costumbre ahora mismo y no sorprende a nadie. Ojo...

Los abogados ejercen un derecho, el de huelga, al igual que lo hicieron los jueces, los letrados de la Administración de Justicia y casi toda la sociedad laboral española. Por eso es inexplicable y probablemente injusto que aparezca algún magistrado que se olvida de que las huelgas no están prohibidas y amenaza a los que la practican con sanciones severas. Como se ve, la interpretación de las normas es a veces más que discutible. Lo peor es que el pato lo pagan los justos y no los pecadores. Avecilla advierte que la cosa irá a peor. Uyuyuy...

Por otra parte, lo que se está poniendo feo es lo de las eólicas en Galicia. Se propongan donde se propongan surgen por todas partes colectivos autotitulados ecologistas, con lo que se paralizan proyectos y Galicia corre el riesgo de perder una fuente decisiva de energía renovable. Lo peor de todo es que nadie se explica –ni explica– el motivo por el cuál está pasando lo que pasa. Lo único seguro es que este Reino está perdiendo oportunidades de inversión y empleo que, por ejemplo, se van a Portugal y a Francia. Oé, oé, oé...

Ya de paso, el pajarillo cantor insiste en la necesidad de que alguien le explique al personal el motivo por el que Galicia solo tiene previsto un aumento en su capacidad eólica en 59 megavatios, lo que no reduce su dependencia de terceros. A la vez tampoco estorbaría una información solvente de las causas por las que hay lío entre los tribunales Superior de Galicia y Supremo. Visto desde fuera, el asunto provoca suspicacias y sobre todo desanima a quienes con su dinero buscan negocios lícitos en este lado del Padornelo. A eso se le llama absurdo. ¿Capisci...?