Opinión | Artículos de broma

Aerolíneas y bermudas

A Ryanair, Volotea, Vueling y EasyJet les sobrevuela, porque no es firme, una multa de 150 millones de euros por cobrar por el equipaje de mano. Las compañías aéreas cobran lo que les sale de las narices porque el mercado es eso, amigo, y andan haciendo juegos de equipajes de manos que son juegos de villanos. En términos lógicos y ecológicos, deberían cobrar por kilómetro en el aire para evitar la contaminación extra de volar de Santander a Canarias por Londres y otros disparates del bajo coste del viaje en alto, pero eso haría fácil la cuenta al pasajero y prefieren recaudar por el trolly, embolsar por la bolsa, y lanzar con ello raros mensajes entre los que pueden estar “vales menos que tus pertenencias”, “elige: vienes o bienes”.

Consumo debería multar a las aerolíneas por perpetuar el disfraz de turista que empobrece nuestro país cada día, a todas horas, en todas partes. En los “trollies”, que trolean la tranquilidad de nuestras calles alborotando en las baldosas, se arruga un vestuario camisetero, corto de pernera y sandalión que compone el uniforme del turista y desluce en la penumbra vitral del mejor gótico, avergüenza ante los excelentes desnudos en óleo y mármol de los museos; no aguanta donde la playa, una vez se dejan atrás las tiendas de crema solar y plásticos recreativos, se vuelve paseo marítimo; es impropio para el atardecer del planeta terraza donde la vieja Europa se contempla por vieja y por Europa y entristece las cenas al aire libre en los restaurantes de platos fotografiados porque nunca deberías vestir peor que el camarero, por la dignidad de ambos.

Se entendería que las compañías aéreas cobraran al contrabandista de papel higiénico y a la Piquer por su baúl, pero están obligadas a considerar que hay un después del vuelo en el que conviene un decoro de destino, un camuflaje acertado para que el turista se confunda con el nativo en lo posible y cumpla el adagio de “donde vueles, lo que vieres”.

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