Opinión

El uso (o no uso) se hace oír

Usar el tren se hace oír. Y si hace falta, gratis, con tal de evitar la gasolina, el queroseno, el CO2. Tras el esfuerzo por electrificar el servicio: usarlo. Es la gran decisión de la UE y nuestra. El Abono Renfe para viajeros frecuentes, cumpliendo ciertas condiciones, permite viajar gratis en toda la red de trenes de Media Distancia de Galicia ¡los confortables Alvia y Avant, veloces y gratis! Un maridaje de altísimo voltaje.

Así, usar el tren, a menudo, resulta complicado. Difícil conseguir un billete ordinario para mañana o pasado mañana y, ya yendo en el tren, lo entiendes. Basta poner los ojos en quien baja y los siguientes que suben; fragmentos de cotidianeidad fugaz; una ojeada a ordenadores y mochilas. Por sí sola, toda una revelación: la Media Distancia actúa en Galicia como las cercanías que no tenemos. ¡Claro está! aquí no hay auténticas Cercanías, como en Cataluña, Euskadi o Madrid.

Usar el tren nos hace presa de una ilusión. Sí, es eso: la Media Distancia al unir localidades no tan próximas, pero muy velozmente, cambia la escala del territorio. Al trabajador, al estudiante, le resulta mejor viajar diariamente que un piso prohibitivo junto a su trabajo o universidad. En Santiago, resulta más cercanía Vilagarcía de Arousa que Bertamiráns; en Vigo, Pontevedra que Nigrán. ¿Choque de trenes entre uso del territorio y ordenación del territorio?

La Conselleria de Medio Ambiente, Territorio y Vivienda, hace menos de un año, modifico las Normas de Habitabilidad de Galicia, dio vía libre al cambio de uso a vivienda de locales comerciales en planta baja. ¿No hay ahí, cierta pena? Más lo cierto: responde al prodigio de hacer la compra “on line” en vez de hacer la compra en el “mercado” (lo más joven y lo más antiguo). Otras reglas de juego empiezan a regir los usos a nivel de calle. A más trasiego “on line”, menos trueque en la calle, menos local comercial.

Esa transmigración, desde el regateo a la web, muta el uso del espacio urbano. Ahora, una legión de motocicletas y furgonetas, duendes espectrales, reparten a domicilio el pedido realizado desde el domicilio. Sin uso comercial los bajos, marchita la gracia corporal del escaparate, la acera (su alma gemela) pierde gracia y color. Si se consumara este empobrecimiento del espacio público, lugar por excelencia de la animación urbana: ¿mutaría genéticamente la ciudad?

Entretanto bajan a la acera, ¿no extraña la pila de viviendas en desuso, en plantas superiores? Llegar al corazón del problema de la vivienda, exige enfrentarse a esta incoherencia: se estiman en unas 360.000 las viviendas vacías en Galicia. Computan ahí tanto las del campo abandonado, como las desvencijadas o en ruina económica en la ciudad. Surge una cuestión: ¿cuántas, de las que lo fueron en vida pasada, lo son hoy? La respuesta es sencilla: todas las reusables.

La Ley 1/2019 de Rehabilitación y Regeneración y Renovación urbana de Galicia, ya inicio exitosamente la recuperación de lo construido. ¡Menos mal! Todo lo construido envejece, envejecen los edificios residenciales, sagrados o triviales, hasta el mantenimiento. El instrumento de los IEE (Informe de Evaluación de Edificios), si bien traen de cabeza a las Comunidades de propietarios, resulto muy eficaz cara a la rehabilitación y sostenibilidad del parque de viviendas.

Una Ley (-/-) de Reutilización y Reúso y Revivir de la vivienda vacía de Galicia, sería muy bienvenida. Un calco. No hay que ser menos osados con el reúso que lo fuimos con la rehabilitación. Y, el éxito con la rehabilitación anima. El oleaje y las resacas de la carencia de viviendas (especialmente para jóvenes) sigue embraveciéndose. Más de un cuarto de millón de viviendas sin uso, es un grito demasiado duro para no dejarse oír, dejarse sentir. Además, lo construido, cuando no se usa se degrada aún más.

¿Quién paga la factura del paso del tiempo? La vejez embiste lo físico con tal insistencia que la financiación del mantenimiento de las Autovías ha devenido en una espinosa cuestión de Estado. Tocante a las obras de rehabilitación de la vivienda, financian los propietarios, las ayudas, y subvenciones. Bien locales, de la Comunidad Autónoma, del Gobierno o la Unión Europea. El Ministerio de Transportes, Movilidad y Agencia Urbana facilita un simulador de ayudas. Financiar movilizar el Reúso de la vivienda vacía, sería un calco.

La fisiología de la ciudad resuena sobre la anatomía. Una disiente y la otra asiente. El mapa de líneas, paradas y frecuencias ferroviarias es quien más manda; las Apps y Plataformas de envío nos traen en vilo; pendemos del saco roto de las viviendas en desuso para poder vivir. En conjunto, uno se da cuenta de poco. Cuando creíamos haber ordenado el territorio, el uso (o no uso) se hace oír. A veces, incluso grita

*Arquitecto

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