Opinión | Crónica Política

La demanda

Resulta interesante, además de esperanzadora, la intención de la Xunta de analizar la demanda gallega del ferrocarril para las mercancías a través de un estudio que se encarga a una empresa particular. El objetivo final sería, o al menos eso sugiere la nota oficial, determinar la carga de trabajo que tendría el Corredor Atlántico que, como todo el mundo sospecha, va para largo. Y precisamente determinar la demanda actual cara a un horizonte aún desconocido puede suponer un factor de prudencia, pero a la vez produce algunas dudas sobre su efectividad a medio y largo plazo.

Por tanto, lo que se necesite en el futuro dependerá de lo que se haga en los próximos años y, por tanto, de cuándo esté construido el citado Corredor. Y eso llevará a otro punto que no se cita en la nota: la rentabilidad del servicio para quienes lo demanden. Algo que conlleva el riesgo de que el conjunto del estudio se analice en función de la rentabilidad económica y de que no se cite la otra, la social, que es para esta tierra tan fundamental como la que más. Y que, por cierto, apenas se cita salvo en alguna referencia aislada bien del ministro Puente, bien del fantasmal comisionado que, al parecer, se ocupa de que todo vaya hacia delante.

No resultaría necesario apelar al sentido común para defender no ya la necesidad, sino también la urgencia de que el transporte gallego de mercancías funcione en alta velocidad. Porque no se trata solo del transporte, sino de la conexión de los puertos, por ejemplo, y de la ventaja o desventaja de llevar a los mercados español y europeo cuanto Galicia produce. Todo ello unido a la actividad y empleo del personal, que precisamente es lo que le da al conjunto de la obra esa rentabilidad social que, por si acaso, conviene recordar. No sea que el comisionado pierda la memoria.

(En este punto resulta oportuno manifestar la extrañeza que produce el hecho de que el estudio de la demanda de datos sobre el transporte se otorgue a una empresa privada. Cierto que la cuantía no rebasa la prudencia, pero convendría explicarle a los contribuyentes el motivo por el cual siendo muy numerosa la plantilla de funcionarios este tipo de tareas se desgaja de la Administración Pública. Sobre todo, teniendo en cuenta que cada año una parte notable de su empleo se aumenta sin mayores explicaciones. Que, por cierto, no estorbarían).

Procede insistir en que cuando se habla de demanda para el transporte de mercancías es necesario hacerlo en global. Al fin y al cabo, eso es el alfa y el omega de la actividad mercantil que da vida económica a un país, trabajo a sus habitantes y, por supuesto, prestigio al conjunto. Ese prestigio habrá de ganárselo, o aumentarlo Galicia en los mercados foráneos, y para eso necesitará empatía con quienes decidirán al final cómo y cuándo se trabajará para conseguir el objetivo. Por eso precisamente es por lo que no cabe ni torpeza ni descuido.

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