Opinión | Crónica Política

Ourense, otra vez

Ourense es, sin duda, una de las ciudades de más prestigio en Galicia. Su historia plena de nombres ilustres, escritores, pensadores e incluso periodistas ha sido y es –junto a políticos– referente imprescindible de la cultura de este Antiguo Reino. En justa reciprocidad, el oficio de lo público debería ser ejemplar, aunque a nivel municipal y desde hace años diste mucho de ser así. En este tiempo se ha convertido en un factor de discordia y desconfianza entre sus vecinos, de forma especial en el consistorio de la capital, pero también en la casi totalidad del territorio provincial.

El introito viene a cuento de las noticias acerca de una moción de censura contra el alcalde señor Pérez Jácome, presentada por el PSdeG. Se duda de su éxito, dado que quienes deberían llevarla adelante –la moción– son tres fuerzas antagónicas tales como PPdeG, PSdeG y BNG, que por el momento ponen condiciones entre ellas que en apariencia son difíciles de cumplir. Aparte de que rompe el principio básico de los populares de que gobierne la lista más votada, que precisamente es la que se pretende apartar de la gobernanza. Y que va a ser difícil explicarle a la ciudadanía, que la vota cada vez más. Y que incluso le dio a Democracia Ourensana un escaño en el Parlamento gallego.

Los motivos de la censura, expuestos hasta ahora, son de importancia. Según quienes la presentaron, Ourense estaría hoy en bancarrota municipal, gobernada por un dictador, objetivo de sospechas acerca del modo de regir y, en definitiva, imposible para tratar de ejercer lo que el pueblo aportó a cada sigla, que es la posibilidad de controlar al que manda. Además de eso es complejo negar que al menos el PPdeG tendría que explicar, y muy a fondo, por qué hizo posible el acceso del señor Jácome al puesto que ocupa. Y ahí entran otros argumentos todavía más difíciles de entender, al menos por la gente del común. Se resumen en un solo nombre: el rollo raro que se traen unos y otros sobre la Diputación.

(Es imposible analizar la situación política actual de Ourense achacándole los males a una sola organización. Se dice que la ciudad está en bancarrota, lo que debería haber sido controlado no ya por la oposición, sino también por la Xunta y hasta por el Gobierno central. Se ha llevado, por distintos asuntos, al alcalde ante los tribunales y solo alguna vez ha sido tenido en cuenta por la Justicia. Y en cuanto a la Diputación es un secreto a voces que el PP no la presidiría sin Jácome ni Jácome sería alcalde sin el apoyo de los populares. La preside un hombre serio don Luis Menor pero la dinámica del poder mantiene su dependencia de lo que aporte el ahora pretendido para censura, alcalde de la capital.).

Sorprende el silencio de la presidencia gallega del PP. El argumento oficioso para esa actitud es que, desde hace mucho tiempo, Ourense tiene plena libertad de acción. Pero eso suena a excusa, a falta de valor de quien corresponda para poner las cosas en su sitio: un partido político no es una milicia, pero tiene o debe tener unas normas que respeten la jerarquía para mantener la coherencia. Las baronías independientes –o casi– desaparecieron en el PPdeG tras la retirada de don Manuel Fraga, y mantener de facto una de ellas no tiene sentido y provocará conflictos internos no deseables. El problema es que la derecha ourensana, disfrazada de centrismo, mantiene todos sus recursos y modos. Cierto que hoy en día han cambiado muchas cosas, empezando por el cuadro de mandos, pero en todo lo demás el esquema sigue funcionando a pesar de que hay nuevos nombres y otras formas para abandonar el caciquismo, por desgracia tradicional en la política de la provincia.

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