Opinión

Macron se marca un Sánchez

Si algo tienen en común pese a sus grandes diferencias ideológicas el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el jefe del Estado francés, Emmanuel Macron, es su extraordinaria propensión a asumir riesgos políticos.

El socialista lo demostró convocando elecciones anticipadas en diciembre de 2023, al final del semestre de presidencia española de la UE, que ganó, desafiando a todos los agoreros y para profunda decepción del PP de Feijóo, quien se veía ya al frente del Gobierno.

El presidente francés es también lo que en alemán se conoce con la bonita palabra de “hasardeur”, es decir alguien que no tiene miedo en tentar a la fortuna, siguiendo en ello el viejo adagio latino de “fortuna audaces iuvat” ('la fortuna favorece a los audaces').

Algunos calificaron entonces de “osada” la decisión de Sánchez, y es lo que dicen hoy también algunos de la de Macron de disolver la Asamblea Nacional tras el enorme batacazo sufrido por su partido en las últimas elecciones europeas.

¿Le saldrá bien al presidente francés la jugada como le salió en su día a su homólogo español? Lo sabremos tras la celebración de las dos rondas, previstas para el 30 de junio y el 7 del mes próximo?

Macron consiguió ya en las dos ocasiones en las que se presentó a la más alta magistratura del Estado el voto de buena parte de la izquierda, que decidió apoyar a un liberal estrechamente vinculado al mundo de los negocios y la gran banca como el mal menor frente a la extrema derecha de Marine Le Pen.

Pero desde entonces, muchos de quienes le votaron entonces se sienten desengañados y, como demostraron la pasada semana, parecen incluso asumir el riesgo que representa el partido de su rival ultranacionalista.

Se sienten defraudados no solo por su frialdad social; critican su ambición y su arrogancia y le acusan de estar alejado de las preocupaciones de los ciudadanos y actuar solo como “el presidente de los ricos”.

Otros, como el ex primer ministro francés Dominique de Villepin, critican sus caprichosos cambios de opinión: el hecho de que pasara, por ejemplo, de un “no hay que humillar a Rusia” a proponer últimamente el envío de tropas de países de la OTAN a suelo ucraniano.

Sea como fuere, su última apuesta es arriesgada porque, aunque desde 2022 no disponga de una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, lo que dificulta la labor de su Gobierno, por ejemplo, para conseguir la aprobación de reformas tan polémicas como la de las pensiones, podía contar al menos con el apoyo o la abstención de los conservadores.

Y si a diferencia de lo que ocurrió en las anteriores ocasiones, la suerte no le acompaña –y esta vez haría falta un milagro–, Macron puede tener que lidiar el resto de su presidencia con un primer o primera ministra salida de las filas de la Agrupación Nacional, el partido de quien aspira a sucederle en la jefatura del Estado y parece cada vez más cerca de conseguirlo.

Aunque su decisión signifique respeto a lo expresado democráticamente en las urnas por los ciudadanos, según algunos empaña su imagen de jefe de Estado que está por encima de los partidos y pone en peligro el futuro mismo de la República. Cuestión de gustos.

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