Opinión | Crónica Política

¿Más tasas?

Metido como está el país en una mezcla de barbarie oratoria y de discriminación jurídica, puede parecer una banalidad que se fije la atención en el debate sobre si las visitas turísticas a Galicia han de ser “acompañadas” de un pago adicional. El asunto, más interesante de lo que aparenta –especialmente ahora, cuando se anuncia para este verano un auténtica “invasión” de visitantes–, se inició en Baleares hace años, y se aplicó y eliminó en diversas ocasiones. Es decir, no estaba claro entonces, ni lo está todavía hoy. Lo que ocurre es que Santiago de Compostela ha resucitado el asunto, y espera una respuesta del Ejecutivo autonómico para tomar su decisión definitiva de si aplicar la tasa turística o no.

En el fondo, de lo que se trata es de resolver algunos problemas que acompañan al éxito de la llamada de Galicia a turistas y visitantes en general. O, por mejor decir, problemas que se dan desde hace tiempo en la capital gallega: masificación en las calles, suciedad, falta de plazas para una buena atención a quienes viajan aquí, etcétera. Pero hay que añadir otro, de tipo religioso y, por tanto, más complicado, que hace todavía más discutible la cuestión de las tasas, y que es la condición de Compostela como foco de atracción de millones de fieles en forma de peregrinos al sepulcro del Apóstol Santiago.

Eso hace aún más opinable lo de las tasas por visitar la ciudad. Es cierto que se trataría de cifras casi simbólicas, pero que, al percibirse por estancias diarias, la suma –aun pequeña– quizá convierta en onerosas esas visitas y, por tanto, las reduzca. Eso sería, a medio plazo, castigar a lo que hasta ahora ha sido una norma general, que se llama gratuidad, al menos para entrar en la ciudad y permanecer en ella: los gastos son otra cosa bien diferente. Aparte de que el método ha causado efecto negativo en no pocos de los destinos turísticos donde se han aplicado. Se citó el caso balear, pero podrían añadirse otros tantos con los mismos efectos. Además de la posibilidad de que otras ciudades gallegas apliquen la tasa con argumentos peores que la capital.

El debate se abre quizá en el peor momento, dado el éxito de Galicia en su llamada a visitantes de todo el mundo. Pero es un hecho que, junto a los beneficios indiscutibles del turismo, aparecen perjuicios que deben tener solución. Lo demuestra el dato de que muchas ciudades y zonas de países con altas cifras de turistas están ya en la discusión de la tasa. El último en llegar ha sido Japón, donde una de sus ciudades, Kyoto, ha llegado a la cifra espectacular de tres millones de personas al mes y según muchos de sus habitante y gobernantes han explicado que eso es insoportable. Así mismo, provoca un déficit contable en lo presupuestos oficiales.

En resumen, la cuestión de las tasas turísticas es una de esas en las que las opiniones, aun opuestas, tienen fundamento, y eso las hace más difíciles de seguir. Por eso y para eso se gobierna, sea a nivel municipal, autonómico o estatal. Incluso aunque la cuestión no se incluya en los programas electorales respectivos, porque estos –por definición– tienen siempre lagunas, y esta suele ser una de las más frecuentes. La tasa, probablemente y aunque de cuantía menor, moleste a mucha gente, e incluso abra una pugna este las ciudades que la imponen y las que no. Por eso hay que reclamar de quien puede y debe decidir que lo haga cuanto antes. Siquiera para evitar los perjuicios que unos dicen tener y otros, temer.

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