Opinión

Shakira, mi nieta, Piqué y los demás

Viajaba con mi nieta, solas en el coche. La niña firmemente acomodada en su silla, controlada desde el retrovisor, sin perder de vista la carretera. De pronto empezó la pequeñina a quejarse y, alarmada, me detuve en una gasolinera para ver qué le pasaba.

Lloraba con voz quejumbrosa, así que su triste abuela, que era yo, no sabía si tenía náuseas, iba a vomitar en mi impoluta tapicería, se había atragantado, se acordaba de su mamá, le había subido repentinamente la fiebre, estaba ya harta de coche, tenía calor, tenía frío, tenía hambre, tenía sed o quería el bibe.

–¿Qué te pasa, tesoro? ¿Quieres bajar? ¿Te aprieta el cinturón? ¿Te mareas?

A lo que la niña, entre sollozos y tras tenerme con el alma en vilo un rato, contestó con voz entrecortada, víctima al parecer de una pena inmensa:

–bbbbbbbbbbb, ...la can... ción de Shakira.

Entonces reparé en que la famosa composición donde la colombiana entonaba entre otras perlas aquello de “porque una loba como yo no está pa tipos como tú, u, u, u, u, u, u, u, u, u, u” había dejado de sonar y que eso era todo lo que tenía la niña. Durante un rato intenté consolarla sin éxito, entre la risa y el alivio por que la cosa no fuera grave. Luego seguí y no volvió a quejarse.

He vuelto a recordarlo a raíz de la imputación de Piqué, ahora que para Shakira, la suegra en la puerta y la deuda en Hacienda son solo un mal recuerdo y quien ríe la última, pues eso, y la vida toda es un laberinto de fortuna, como ya dijera Juan de Mena, quien ni está ni se le espera en los planes de estudio.

Hoy han cambiado las tornas, y mientras Camps, después de años de tortura, que, por ejemplo, Rita Barberá no superó, sale absuelto, imputan a Rocha –también me acuerdo cuando paso por delante de Chevalier– y a Begoña y condenan a Trump.

Este último, al parecer, podría ser presidente incluso desde la cárcel, y eso a una inocente como yo le causa escándalo.

Aunque aquí Puigdemont exige la Generalitat después de chantajear por la amnistía, que se ve que presidirla desde la cárcel no le molaba.

Suscríbete para seguir leyendo