Opinión | El correo americano

Juicio para adultos

Culpable de 34 delitos. ¿Y ahora qué? Ahora nada. Para quienes lo adoran, el veredicto no hace sino confirmar sus temores: los demócratas harán todo lo posible para arrebatarle (de nuevo) la presidencia. Para quienes lo detestan, el fallo del jurado popular señala una obviedad: el acusado es un hombre inmoral, corrupto y siniestro que merece ser castigado. Los asesores de Trump quisieron hacer del juicio un acto de campaña. Ahí están las imágenes del expresidente perseguido, víctima del sistema judicial, solo ante el peligro. Pero los votantes lo rescatarán de este asedio y restaurarán su honor mancillado. “Volveremos y venceremos a las fuerzas oscuras que están destruyendo esta república”, dijo Jesse Watters en Fox News.

Trump podría ponerse a pegar tiros en la Quinta Avenida y no perdería un solo voto. Esa fue una de sus frases más logradas. Trágicamente certera. Cómo conocía bien a sus seguidores, esos que, inspirándose en los delirios del líder, estaban dispuestos a imponer la victoria por la fuerza en el Capitolio. Hay que tener presente esa frase al reflexionar sobre los posibles efectos de la condena. El expresidente no va a perder el apoyo de quienes lo ven como su cirujano de hierro. En ese universo paralelo donde se localizan las trincheras, la percepción equivale a la realidad; sienten que Trump está siendo injustamente tratado.

Esta noticia, la de su culpabilidad, en términos generales, interesa más bien poco. Una encuesta (NPR/PBS NewsHour/Marista) indica que un porcentaje muy reducido de ciudadanos piensa cambiar el sentido de su voto tras conocer el veredicto. Lo cual no quiere decir que no sea relevante, claro. También hay gente que no pensaba votarlo, pero ahora, tras el apuro que le hizo pasar la estrella del cine para adultos, se decantará por él, como forma de protesta.

Hay otros que dicen que sí, que ya sabemos lo malo que es, pero que a Trump hay que vencerlo en las urnas. Que todos estos procesos judiciales le benefician. Y posiblemente tengan razón. Pero con esto se sugiere entonces que la justicia debe suspender sus actividades para no hacer de él un mártir. Que no se le puede juzgar por nada porque políticamente no conviene. Que, pese a las pruebas acumuladas y los hechos consumados, no puede ser tratado como un ciudadano más que ha de responder por las infracciones cometidas.

Bien es cierto que los demócratas tampoco presentan a un candidato que despierte mucha ilusión. Y la izquierda sigue enredada con sus batallas menores. Pero no les queda otra. Serán, probablemente, unas elecciones con ruido, algo de violencia (esperemos que mayoritariamente verbal), bulos y mucha vergüenza ajena. Sabemos que uno de los candidatos no aceptará los resultados al menos que salga elegido (esto ya se ha asumido con toda normalidad). Trump logró obtener lo que Nixon anhelaba: impunidad (de cara a los suyos) sin condiciones. La mayoría silenciosa nixoniana permanecía en silencio; la de MAGA no hace más que montar escándalos. Trump domina la televisión. Nixon sudaba ante las cámaras. Aquellos tiempos. Cuando el Partido Republicano no permitía comportamientos delictivos, porque los comportamientos delictivos eran castigados por los votantes. Cuando un titular en un periódico lo podía cambiar todo. Culpable, sí. Depende de quién te lo cuente.