Crónica Política

La confianza

Javier Sánchez de Dios

Javier Sánchez de Dios

Es una excelente noticia la que acaba de publicar FARO DE VIGO acerca del aumento del empleo en Galicia. Cierto que el margen de mejora es aún muy considerable, y que los mismos reparos que se le endosan al Instituto que se encarga de estos estudios cuando proporciona los datos estatales se han de aplicar a este Antiguo Reino –entre ellos, por ejemplo, el de considerar a los fijos discontinuos “en activo”–, pero en cualquier caso, que baje el paro genera confianza, y eso es lo que más importa.

Además de por lo que se deja expuesto, como siempre desde una óptica personal, conviene recordar que esta relativa calma en las crítica entre los gobiernos y su oposición se entiende mejor, aquí y ahora, aplicando a los políticos el viejo principio de los bomberos, según el cual entre ellos no se pisan la manguera, sobre todo cuando hay oportunidad de reivindicar un éxito, como el de crear empleo, que en todo caso es colectivo.

Sea como fuere, respetando otras opiniones –y sin intención de fastidiar la fiesta–, parece evidente que las cifras dan la razón a quienes piensan que el paro en Galicia, tanto cuando sube como cuando baja, mantiene unas cifras que hablan de un problema estructural, Y además, si se analizan las de este octubre, puede verse con claridad que buena parte del empleo creado lo ha sido en el sector público, lo que confirma que el privado no va bien.

Cierto que generalizar es muchas veces un error, pero no siempre y, desde luego, no en estas cuestiones. Precisamente porque son medibles, y según la afirmación de un antiguo sabio, lo que se puede medir es difícilmente opinable. Y la gran cuestión a resolver aquí es el motivo por el cual las cifras de empleo en Galicia tienen siempre un déficit que oscila en torno a los cien mil parados. Y no consuela pensar que otros están peor: se sabe lo del “mal de muchos”: en Galicia el más tonto hace relojes.

Hay analistas de probada solvencia, y dirigentes de la oposición, que insisten en que este Reino necesita para enderezar aquello que no lo está, un Plan Estratégico “de país”. O sea, pactado a largo plazo, que estudie necesidades, proponga soluciones acerca de hacia dónde debe ir Galicia, fije su potencia –que es mayor de lo que muchos creen– y, sobre todo genere confianza duradera. Sin olvidar que hay pocos motivos mejores para conseguirla que llegar a acuerdos. “De país”, claro.

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