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Julio Llamazares

CALEIDOSCOPIO

Julio Llamazares

Un país sin verdad

En 1977, cuando el hoy galardonado poeta Antonio Gamoneda era desconocido por casi todos, publicó un libro que a muchos nos conmocionó. Se llamaba –se llama– Descripción de la mentira. Cuando apareció ese libro, Gamoneda llevaba años sin publicar. Así que para los jóvenes poetas como yo era en aquel momento, Descripción de la mentira fue todo un descubrimiento. Se trataba de una poesía diferente, hermética pero bellísima, y, sobre todo, llena de interpretaciones. No hace falta que yo diga que para mí aquel libro sería fundamental.

Sé que a Antonio Gamoneda, tan poco amigo de las simplificaciones, la lectura que algunos hicimos de su libro no le complació mucho, aunque, con su buen estilo, nunca dijo nada en contra. Me refiero a esa lectura que identificaba simplistamente (era la época y era también nuestra ingenuidad) la mentira del título de su libro con la que España había vivido durante años. A través de ella, versos como el que abre el texto: “El óxido se posó sobre mi lengua como el sabor de una desaparición / El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido / y no acepté otro valor que la imposibilidad”, cobraban para nosotros un sentido muy directo, tan directo quizá como alejado del que el poeta había querido darles. Y no digamos aquellos otros que expresamente apuntaban: “Los que sabían gemir fueron amordazados por los que resistían la verdad, pero la verdad conducía a la traición / Algunos aprendieron a viajar con su mordaza y éstos fueron más hábiles y adivinaron un país donde la traición no es necesaria: un país sin verdad”. Esto, para mí y para mis amigos, en aquel año de 1977, era toda una revelación.

Recuerdo esto en estos momentos en los que todos hablan de la mentira como un ingrediente más de nuestra política, y recuerdo a la vez aquel tiempo en el que yo pensaba que la mentira era algo del pasado, algo que afortunadamente se había acabado en este país. ¡Qué ingenuo era! ¡Qué infeliz creyendo que aquel libro que leía como si fuera una revelación no era una visión del mundo, sino el epitafio de una época concreta! España ha cambiado mucho desde aquel tiempo, pero los versos de Gamoneda siguen vigentes por desgracia para los españoles. Basta leer los periódicos, mirar la televisión, escuchar los discursos de algunos políticos o a algunos opinadores para ver cómo la mentira se utiliza con naturalidad. Mi compañero Antonio Muñoz Molina, en un artículo publicado en El País hace unos días que ha levantado una gran polvareda, ponía algunos ejemplos de esas mentiras flagrantes de nuestra política más reciente (la justificación de la guerra de Irak con falsas acusaciones, la atribución de los atentados del 11-M a ETA por el Gobierno de Aznar, etcétera) para concluir con estupefacción que mentir se ha convertido en España en un arma más de la actividad política porque mentir se considera normal.

Dicen los historiadores que los efectos de una dictadura tardan mucho en desaparecer, y un ejemplo de ello quizá sea este. Aunque muchos sostienen que España está homologada en todo con los demás países de Europa, aunque nuestra economía crezca pujante por delante incluso de las de estos, aunque desde hace décadas disfrutemos de una democracia plena, aún arrastramos un déficit de moralidad política que hace que sobrevivan entre nosotros comportamientos pertenecientes a otros sistemas y que ello se contemple con naturalidad por todos.

Vuelvo a los versos de Gamoneda, aquellos que yo leía a finales de los 70: “De la verdad no ha quedado más que una fetidez de notarios / una liendre lasciva, lágrimas, orinales / y la liturgia de la traición (...) / ¿Qué lugar es éste, qué lugar es éste?”

*Escritor

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