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Francisco García Pérez opinador

Lo que hay que oír

Francisco García Pérez

Estigma y salud mental o viceversa

Unas enfermedades a tratar, como las demás, por sus respectivos especialistas

Que hay que hablar de salud mental. Que hay mucha gente que está muy remalita. Que faltan terapeutas que ayuden y orienten. Que faltan medios para detectar y tratar personas sufrientes. Que todos los días nos cruzamos con gentes que son bombas con la cabeza a punto de estallar y hacer cualquier barrabasada. Que hay que acabar con el estigma de señalar con el dedo y aislar a quien ha perdido la razón. Vale. Me preguntarán el desconfiado o el condescendiente: ¿pero cómo me atrevo a hablar de cosas tales si no soy psiquiatra, si no soy psicólogo? Pues ya respondió bromeando El Gran Wyoming (médico, por cierto) a tan clasista simpleza: “No lo soy, pero he ido a muchos y algo se pega”. Pues intentemos hablar.

La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como “un estado de bienestar en el cual cada individuo desarrolla su potencial, puede afrontar las tensiones de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, y puede aportar algo a su comunidad”. Lean la lista de algunas enfermedades que impiden tal salubridad: desde la ansiedad a la depresión; desde la oposición desafiante a un trastorno de conducta u obsesivo-compulsivo o por estrés postraumático o por pánico o fobias; desde la bipolaridad a otros trastornos del estado de ánimo como el de la alimentación, el de la personalidad, los psicóticos… Un esquizofrénico tiene un problema de salud mental, como el del espectro autista, como los trastornos disociativos o amnésicos o del ritmo circadiano, los graves del sueño (el insomnio, la apnea del mismo y el síndrome de las piernas inquietas...). La disfunción sexual se inscribe en ese campo, como la disforia de género (sigue hablando por mi boca la OMS), como los trastornos de control de impulsos y de conducta. Sumen ustedes los trastornos relacionados con las sustancias y las adicciones, los neurocognitivos y otros muchos más cuya enumeración daría para aburrir a las piedras. Malo será que uno no tenga o haya tenido algún problema de salud mental. Hasta don Quijote se confesaba loco, en Sierra Morena: “Loco soy, loco he de ser hasta tanto que tú vuelvas [Sancho] con la respuesta de una carta que contigo pienso enviar a mi señora Dulcinea; y si fuere tal cual a mi fe se le debe, acabarse ha mi sandez y mi penitencia; y si fuere al contrario, seré loco de veras, y, siéndolo, no sentiré nada”.

"Hay que suprimir esa coletilla de 'ya había tenido antes problemas de salud mental'. En cuanto alguien la arma, se recurre a ese estigma. ¿Y por qué no se sacan a relucir una luxación anterior, unos hijos en paro o una gastroenteritis?"

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Primer paso para acabar con el estigma. Considerar la salud mental desde todos los medios y redes sociales como se considera a la salud estomacal o dental u ósea. Tengo problemas de salud, luego acudo al especialista. Así de sencillo. Y al mentecato que señale con el dedo, que le den por donde amargan los pepinos. “No hace terapia quien tiene problemas. Problemas los tiene todo el mundo. Hace terapia quien quiere resolverlos”.

Segundo paso: suprimir esa coletilla a que tan aficionados son muchos colegas periodistas y mucho viejo del visillo. “Ya había tenido antes problemas de salud mental”. En cuanto alguien la arma, se recurre a esa falsísima relación causa-efecto, a ese estigma de cadena perpetua no revisable. Además: ¿Cuándo antes? ¿Acudió en ese antes al psiquiatra y se medicó? ¿Vio a un psicólogo en ese antes? ¿Y por qué no se sacan a relucir una luxación anterior, una gastroenteritis explosiva, unos hijos en paro, una afición a morderse las uñas con frenesí al volante, un rechazo infantil al destete, etc. etc.? Si alguien no comienza reconociendo que algo no va bien en su mente, por lo cual necesita ayuda; si la cosa sigue con que le recuerden y recriminen cada vez que mete la pata que no es la primera vez y que todo se debe a que estuvo y sigue loco; si la sanidad pública le cita para el 3000 y la privada le pide la nómina hasta el 3000, ¿por dónde empezamos a hablar?

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