Crónica Política

La chequera

Javier Sánchez de Dios

Javier Sánchez de Dios

La dirección del Sergas parece decidida a echar mano de la chequera para resolver, o al menos intentarlo, algunos de los problemas que tiene planteados la salud pública gallega. Ocurre que la fórmula, opinable pero que suele paliar antes que solucionar, tiene la cuestión añadida de que sienta precedente y es contagiosa. De tal modo que, por ejemplo, el personal sanitario que no pertenece al sector médico podría tomar nota y hacer lo mismo que la CESM, esperando además similar resultado. O sea, que en un plazo breve pueda ganar más y trabajar menos, que es una meta a la que nadie, quizá con la excepción de los/as misioneros/as, que atienden a otro público.

La cuestión más delicada, al menos desde el punto de vista de quien lo expone, es cómo se las arreglará el Servizo Galego de Saúde –seguramente también los de las otras comunidades, porque el panorama es semejante– cuando se acaben los fondos y la chequera ya no resuelva. Porque la práctica totalidad de los institutos de estudios, informes de expertos etcétera, nacionales e internacionales, coinciden en apuntar que la situación empeorará el año que viene y 2025 a lo mejor deja de caer. Claro que, como diría un miembro del actual Gobierno, siempre quedan los impuestos, aunque no parece que el margen dé para mucho. Y menoas todavía aguantarán las espaldas de los contribuyentes.

Claro que como su alternativa ha proclamado que los bajará –los impuestos–, la cosa se pondrá complicada. Aunque, si llegan los nuevos, siempre podrían aplicar el “argumento Rajoy”, que cuando ganó las elecciones declaró que la “herencia” recibida de su antecesor Zapatero era mucho peor de lo que suponía el nuevo presidente. Y por eso “se vio obligado” a aplicar todo lo contrario a lo que había prometido e incluso establecido en su programa. Solo que ahora no cabe esa disculpa: todo el mundo sabe que la política económica de la coalición ha sido casi tan pésima como la legislativa, se conocen el déficit y la deuda y por tanto nadie podrá alegar que fue objeto de engaño.

(Aparte de que cuando un gobierno pierde el puesto suele ser por su mala gestión más que por la buena oposición. C´est la vie, que diría un filósofo parco en palabras, pero en este punto, y dado que se ha dicho que las comunidades están en un lío sanitario parecido, y que el sistema “universal y gratuito”, apenas se mantiene –financieramente hablando, al menos–, es cuestión de tiempo, y no mucho, que haya de acudirse a algún tipo de copago para mantenerlo. Algo así como con las autovías y el peaje, que han sido objeto por esta coalición de “progresistas” de un tratamiento especial, llamado “método de que el que venga detrás que arree”, acaso previniendo que no será la sociedad PSOE/Podemos la que tenga que hacerlo.)

Si así resultare, aún lo tendrá más difícil la alternativa, ya que de ese modo podrán poner a parir los salientes a los entrantes, que es algo muy de moda en la política española, porque el dúo no quiso añadir negrura a sus perspectivas endosándole a la población más carga fiscal en la riñonera. En todo caso, sea quien sea, hay algo seguro también: que lo que hasta ahora sólo era aconsejable –cuidar al personal, aunque hay opiniones sobre cómo se hacía– se convierta en obligado y en extenderlo al material, siquiera para evitar escándalos como alguno en Pontevedra, donde decenas, o quizá cientos, de pacientes se ven afectados por las sucesivas averías de un aparato esencial para cuidar de la salud ajena. Y quedarse sin fondos, o con ellos insuficientes, puede ser el principio del fin para una Administración que no prevea las consecuencias de sus defectos. Mal asunto.

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