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Opinión

El científico que Einstein encontró en Vigo

Hace días una profesora de la Universidad de Santiago, que anteriormente dio clases en la de Vigo, comentaba a unos amigos, en conversación privada, que se encontraba muy a gusto en su nuevo destino. Su facultad de humanidades era de las de mayor prestigio de su Universidad, cuando la de Vigo era irrelevante.

Pero nadie debía sorprenderse por lo que decía, ya que siempre había pensado que la de Vigo debía ser una Politécnica.

La suya es una opinión que comparte mucha gente y encaja con la historia académica de la ciudad, que propende hacia las ciencias y la tecnología, puesto que sus primeros centros de formación especializada fueron de este ámbito, la Escuela de Industriales y la de Comercio, con el acompañamiento de Artes y Oficios. Con las artes preferentemente en función de los oficios.

Es lo que debió pensar Albert Einstein cuando pasó por Vigo y se encontró en el barco con un científico alemán que acababa de pasar unos días en la ciudad, ocupado en cuestiones relacionadas con su especialidad. Einstein confiesa en sus Memorias que es el único pasajero que le interesó en los dos viajes que había hecho de ida y vuelta desde Alemania a Sudamérica.

Al regreso entabló conversación con el ingeniero de Montes y Minas, Dr. Karl Lehmann, cuyos razonamientos dieron pie a la carta autógrafa que escribe en el barco y envía desde Bilbao, en la que revela la faceta inventora del científico.

"Lehmann estaba interesado en la brújula giroscópica y, según expone Einstein, de aplicarla a la minería"

Lehmann, con una amplia experiencia y bibliografía científica estaba interesado en la brújula giroscópica y, según expone Einstein, de aplicarla a la minería. Acompañado por su mujer, había embarcado en Vigo en la escala del “Cap Norte”, rumbo a Alemania, el día 26 de mayo de 1925. Einstein ya lo conocía de Kiel, como dice en su escrito.

De hecho el invento que el ingeniero Lehmann manejaba era una aplicación de la brújula giroscópica, que causó tan buena impresión en Einstein que llegó a proponer su comercialización.

¿Qué hacía en Vigo el científico que tanto interesó al Nobel? No parece que haya venido de vacaciones ni a degustar alguno de los aspectos estéticos de la ciudad, sino a hacer gestiones comerciales.

Sería bueno que conociésemos con quién habló Lehmann, qué pretendía, si tuvo resultado en sus gestiones. Para saberlo haría falta una investigación exigente por la precariedad de datos. Es evidente que conocía Vigo y vino porque era una ciudad industrial donde podría interesar su oferta. Pero indagar estos datos es más propio de un estudio académico que de un artículo, iniciado al socaire de un comentario sobre el contenido académico de la Universidad de Vigo, que es lo que nos ocupa.

Los profesores más prestigiosos y por los que Vigo destaca en los diversos rankings son los de ciencia y tecnología. Y es para congratularse. El que la Universidad sea reconocida por esos ámbitos está en línea con la contemporaneidad, que basa el desarrollo en los avances científicos.

Como los hechos mandan sobre los argumentos, para probar lo que antecede, conviene recordar que antes de que Vigo tuviese instituto, que no fue inaugurado hasta 1927, el Ateneo invitó, hace ahora un siglo, a dar una conferencia al profesor de la Universidad de Santiago, el destacado matemático José María Orts Aracil, y habló de la teoría de la relatividad. Y en octubre de ese mismo año, en un gran discurso de apertura de curso de la Escuela de Artes y Oficios, el acto académico más importante del centro, el profesor Segovia también abundó en la teoría de la relatividad.

Que se ocupasen del gran hallazgo de Einstein en aquella época, en que no había un Instituto en Vigo, y que lo expusiesen ante un público generalista como un tema de conferencia y discurso de apertura de curso es la prueba del interés por la ciencia que siempre ha habido en la ciudad.

Con estos antecedentes es comprensible el argumento de la profesora y que si se aspira a la excelencia de la Universidad de Vigo se polemice sobre su definición. Pero el debate sobre los contenidos académicos que la caractericen no parece que vaya a cerrarse. Seguirá discutiéndose sobre si debe ser una Universidad abierta a todas las especialidades, como ahora, o debiera circunscribirse a las ciencias y la tecnología. A la postre habría que preguntar ¿qué interesa más a la sociedad viguesa?

Personalmente me inclino porque siga impartiendo todas las especialidades y conjugue las humanidades con la tecnología que responde más al concepto clásico de universidad que Vigo debe mantener.

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