Imagínese querido lector que ha decidido pasar un fin de semana en la pequeña localidad berciana de Molinaseca, situada a escasos kilómetros de Ponferrada, que es uno de los enclaves representativos de la Ruta Jacobea hasta el punto de que en 1975 el conjunto fue declarado Conjunto Histórico Artístico. Ha pernoctado en el hostal Casa Nicolás y tras pasear sin prisas por la calle del pueblo, de inequívoco sabor medieval, decide visitar la bodega Encima Wines, en la calle Era, 5, en Villaverde de los Cestos, porque le han hablado muy bien de sus vinos de Mencía y, especialmente, del Godello, marca “Demasiado corazón”.

En el trayecto, encima de una indicación que advierte que la bodega está a 75 metros hay una valla publicitaria en la que se ve el tronco de una mujer de espaldas que lleva un bikini blanco adornado con corazones rojos. Al parecer la imagen es una obra del pintor catalán Josep Moscardó al que se la que encargó el fundador de, Javier Álvarez, para etiquetar el vino Godello anteriormente citado.

Pues bien, imagínese cuál no sería la sorpresa del bodeguero cuando recibió una resolución del Instituto de las Mujeres, dependiente del Ministerio de Igualdad, instándole a retirar dicha valla publicitaria por “utilizar la imagen de la mujer como objeto sexual”. El ministerio, que asegura haber recibido quejas sobre esta valla, sostiene que tal imagen es una “forma vejatoria” que representa a la mujer como “objeto sexual y se favorecen actitudes discriminatorias”.

Personalmente, estoy a favor de la sensibilización y prevención de la de la violencia contra la mujer, como dice la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre. Y ello porque se trata de introducir en el escenario social las nuevas escalas de valores basadas en el respeto de los derechos y libertades fundamentales y de la igualdad entre hombres y mujeres, así como en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad dentro de los principios democráticos de convivencia.

Este es el marco en el que se considera ilícita la publicidad que utilice la imagen de la mujer con carácter vejatorio o discriminatorio. Pero el problema no está en las normas, sino en la aplicación que se hace de las mismas. Durante mi ocupación profesional de abogado llevé diversos asuntos sobre el Derecho de la publicidad. A lo que cabe añadir que he sido en varias etapas miembro del Jurado de la Publicidad de Autocontrol.

Pues bien, desde esta perspectiva me parece que la resolución del citado Instituto de las Mujeres es muy desacertada. A mi modo de ver, la materia es delicada porque se entrecruzan muchas sensibilidades y hay quienes se guían más por la emoción que por la razón. Por eso, pienso que se debe proceder con prudencia y con paso firme sin detenerse, pero también sin dar el segundo paso antes del primero. La aplicación de la ley puede producir el efecto beneficioso de sensibilizar y prevenir contra la publicidad sexista o el contrario y negativo de tomar dicha publicidad como supuestos de exageración que deben ser ignorados por traspasar los límites de lo razonable. La inclinación de la balanza hacia un lado o el otro está en la correcta subsunción de los hechos en las normas sobre publicidad sexista.

Creo que en el tema de la publicidad sexista pueden ser de gran ayuda los criterios utilizados al respecto por el Jurado de la Publicidad para hacer una aplicación mesurada de la ley. Y me van a permitir que me sirva del caso resuelto el 8 de mayo de 2007 por la Sección Primer sobre la reclamación presentada por la Asociación de Usuarios de la Comunicación contra una publicidad de la que es responsable Seat, S.A.

La publicidad reclamada, en lo que ahora interesa, consistía en un anuncio difundido en televisión en el que se promocionaba el equipo automovilístico de competición Seat León. El anuncio comenzaba con varias imágenes de coches en un circuito de competición. Y, de repente, aparecía enfocada la imagen de una mujer por detrás y como si el viento levantara su mini-falda, quedaban sus nalgas al descubierto. Pues bien, el jurado entendió que en el anuncio controvertido se utilizaba una parte del cuerpo femenino con evidentes connotaciones eróticas –las nalgas al desnudo– como uno de los elementos captatorios de la atención de los destinatarios, esto es, como uno de los elementos del anuncio que sirven para atraer de forma directa e inmediata la atención de los destinatarios de la publicidad. Razón por la cual estimó la reclamación.

En el caso de la valla publicitaria del pueblo berciano las cosas son un poco más complejas. En primer lugar, entiendo que no puede considerarse que la utilización de la espalda de la mujer vestida con un bikini tenga connotaciones eróticas y, como consecuencia de ello, que se utilice la imagen de la espalda de la mujer como elemento captatorio de la atención del público. Y, por otro lado, comparto la idea del autor de la obra publicitaria, Josep Moscardó, de que estamos ante una obra de arte, cuya prohibición hace que volvamos a los años 60 del siglo pasado en el que estaba prohibido el bikini. “Es, dice Moscardó, talibanismo tonto”.

En mi opinión, solo mirando la imagen de la valla con “ojos de malicia”, haciendo una interpretación siniestra y maliciosa, con propensión a pensar mal, cabe ver la imagen de la mujer en bikini de la valla como la utilización de la imagen de la mujer como objeto sexual”, “vejatoria” y que representa a la mujer como “objeto sexual y favorecedora de discriminación”. Al final, el Instituto de la Mujer retiró su reclamación porque considerarla sexista fue desproporcionado.