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Francisco García Pérez opinador

Lo que hay que oír

Francisco García Pérez

Noticia de Baby Polla, Atocha y del infinito encerrado en un puño

Las nuevas obras de Alejandro M. Gallo y Pepe Monteserín

Se llaman “novelas paralelas” a aquellas que desarrollan una historia en los capítulos pares y otra diferente en los impares: “Las palmeras salvajes” de Faulkner, “La tía Julia y el escribidor” de Vargas Llosa. O la recién aparecida “Matanza de Atocha, 1977: caso abierto”, de Alejandro M. Gallo (doctor en Filosofía y mando de policía local). La protagoniza el ya conocido Gorgonio Llaneza, pasados hoy los 65 años, al que reclaman de la comisaría ficticia de la ficticia ciudad de Xidrón para que colabore en el esclarecimiento del asesinato del sindicalista liberado Baby Polla (capítulos impares), además de para narrar a sus colegas cómo fue la investigación policial en la que participó y que llevó a trincar a los criminales que acabaron con la vida de los abogados laboralistas en la madrileña calle Atocha 55 (capítulos pares). (Oigo que se ha formado revuelo gordísimo a cuenta de los capítulos nones: que no faltan quienes se ven esperpentizados en algún personaje: ¿novela en clave? Pasen y lean). Dos historias, pues, dos tonos muy diferentes. La de Xidrón, una sátira feroz y no poco divertida del lenguaje políticamente correcto y de otros modos y actitudes vanos de la postmodernidad, que cabreará a algunos, hará disfrutar de lo lindo a quienes abominan de la censura de hoy y mareará a los inquisidores que busquen correlato real a los personajes de ficción: ocurrió con “La Regenta”, sin ir más lejos. La de Atocha, un apasionante paso a paso del proceder de una brigada que tiró de los pocos hilos que había para detener a los asesinos, en aquellos años de la estrategia de la tensión permanente terrorista. Dos maneras de leer a un autor ya en pleno dominio del oficio: todo seguido (la festiva manera con homenaje incluido a Camilleri, más el horror de la siniestra mafia vertical del transporte) o impares y pares. ¿Confluyen?: de las luchas del 77 hemos llegado a esto del 2022.

“Oigo que se ha formado revuelo gordísimo a cuenta del libro de Gallo: que no faltan quienes se ven esperpentizados en algún personaje: ¿novela en clave? Pasen y vean”

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Ya están en librerías dos nuevos libros de Pepe Monteserín, de 70 años, quien colgara la arquitectura técnica y los altos cargos ejecutivos para vivir la pasión de escribir (o escribir la pasión de vivir): 50 libros como autor, unos 200 de coautor, artículos por millares, reciente ganador del “Premio Eurostars Hotels de Narrativa de Viajes”: 18.000 euracos. El primero, “Por todo lo alto”, sobre los 130 techos de las provincias españolas, no es un “yo estuve allí” con foto, ni es solo para aficionados a la montaña. Anécdotas, peligros, curiosidades, emociones varias: hasta citas literarias, como este par en el mismo capítulo: “Caminar es una apertura al mundo. Restituye en el hombre el feliz sentimiento de su existencia” (del tan influyente Le Breton). “Solo existe el camino, no hay meta que valga ni importa el rumbo” (Kavafis). La vida en “cuatro años frenéticos” de un obsesivo escritor: “Detallo con pormenores los recorridos en vehículo, cuento las aproximaciones a las montañas, describo las rutas…”. ¿Por qué?: “Me gusta enumerar, soy enciclopédico y exhaustivo cual Diderot, preciso como Newton y más insaciable que Fausto; la erudición es refrescante, algo cargante, de acuerdo, pero me mola el exceso”. Súmese a lo dicho “el síndrome de Gutenberg”, la “obsesión por encuadernar el universo” y tendremos el otro libro de Monteserín, el “Diccionario humorístico de un escritor (miles de definiciones, textos eruditos y chistes ad hoc)”. A cada entrada, por orden alfabético (Ab ovo, abecedario, abecegramas… zeta, zarzuela, zéjel), la completan los vocablos afines, la definición, un ejemplo culto y un chiste. Ejemplo: “Honorarios: el escritor ha de escoger entre honor u honorarios”, cita erudita y un sabroso lance entre abogado y médico. ¿Solo para aficionados a la retórica? De ninguna manera. Para su autor son “apuntes crepusculares de un escritor tardío”. Para mí, una gozada, un intento de encerrar el infinito en un puño: leyendo, escribiendo, caminando, recordando.

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