Opinión
La ciudad de Concepción Arenal
La presentación del libro de Anna Caballé, “La pasión por el bien”, una antología de la vastísima obra de Concepción Arenal, ha vuelto a poner de actualidad la relación de la pensadora con Vigo, que algunos califican de precaria. Y no es exacto. Aunque vivió en muchos lugares, su ciudad es Vigo, donde quiso descansar para siempre.
De Concepción Arenal quedan además de su famoso mausoleo en el cementerio de Pereiró y la balaustrada del pazo donde residió, la placa de su calle. Está al lado de la Autoridad Portuaria, en la que trabajó su hijo Fernando García Arenal.
Vigo será su última residencia, desde el 9 de abril de 1890 hasta el 4 de febrero de 1893, después de habitar en Ferrol, Madrid, Potes, A Coruña, Oviedo, Miranda de Ebro, Gijón y Pontevedra.
La llegada de la familia a Vigo se anunció en esta nota:
“Se halla ya entre nosotros el ingeniero de las Obras del Puerto de Vigo D. Fernando Arenal con su familia y su hermana, la distinguida escritora Concepción Arenal, a quien damos la bienvenida”.
Confundir a la madre con la hermana es una errata del redactor de la gacetilla en unas páginas que la habían mencionado en múltiples ocasiones. El típico lapsus.
De suyo, FARO DE VIGO es el periódico vivo que más noticias dio de Concepción Arenal.
Otras publicaciones que ya no existen le dedicaron más espacios e informaciones –en la revista “La Voz de la Caridad”, cofundada por ella, escribió durante trece años casi quinientos artículos–, pero de los periódicos que aún se publican es FARO el que más veces la cita. Incluidas las informaciones de su estancia en Vigo.
Debe tenerse en cuenta la época en que vivió la gran escritora y pensadora, en el siglo XIX, cuando las reseñas sobre personajes que no eran públicos, o muy notorios, eran mínimas.
El episodio más importante, aunque no se cita su nombre, porque lo requerían las normas del certamen, es el famoso encontronazo con Emilia Pardo Bazán, por el ensayo crítico de la obra del P. Feijoo, con motivo del bicentenario de éste, celebrado en la ciudad de Ourense, en 1878.
Después de dos dictámenes de distintos jurados, el último desempató a favor de Pardo Bazán, lo que motivó una insuperable animadversión en Arenal, a decir de su biógrafa Anna Caballé.
Desde entonces, Pardo Bazán hizo lo imposible por reconciliarse y asumió muchas ideas feministas de Arenal. En 1914 formó con su hijo, Fernando García Arenal, y el pedagogo, Rafael Altamira, el jurado que Vigo designó para fallar los premios de los Juegos Florales.
De su estancia en Vigo quedan tres informaciones interesantes.
La primera es la aclaración a una noticia incorrecta de un periódico de Madrid sobre su estado de salud, en la que explica lo que hace en Vigo, en 1891: “En su voluntario apartamiento de Vigo, continúa dedicada a los estudios filosóficos en que tantos lauros ha alcanzado”.
La segunda, de marzo de 1892, se refiere a la carta del catedrático Alberto García Ferreiro, que propuso una campaña para erigirle un monumento, a la que ella responde, agradeciendo la propuesta, pero rechazándola. Explica que su estado de salud es precario: “Tengo setenta y dos años, salud muy quebrantada y vida artificial que no durará mucho probablemente”.
Pero la más destacada es la magnífica semblanza con que la retrata el distinguido vigués Manuel Olivié, en el FARO.
Es lo que tiene mayor repercusión, porque ocupa toda la portada y siguiente página, y Olivié es una personalidad de alto prestigio al que el Ayuntamiento incluirá en el callejero en un lugar tan señalado como el monte del Castro, cuya magnífica placa resalta en la muralla.
Si hubo parquedad informativa en vida, se compensó tras su muerte, en febrero de 1893.
El periódico reseña con amplitud su fallecimiento, su entierro, y el entusiasmo que suscita a partir de entonces que haya vivido sus últimos años en Vigo, que se traduce en la construcción de su espléndido mausoleo en Pereiró. Es el monumento que acoge a cuantos llegan al cementerio, al ser el primero que se encuentra al traspasar la verja.
Después vendrá la campaña de prensa para recuperar una parte de la mansión en ruinas de los Núñez, en la calle Vázquez Varela, que cuando Arenal la habitó era de los Cuesta. Es la balaustrada que hoy adorna el parque de Castrelos.
Por tanto, la opinión de que Vigo no trató como debía a Concepción Arenal, la mayor pensadora de la segunda mitad del siglo XIX, no es correcta. Si no hizo vida activa en la ciudad fue por propia decisión.
Muchos vigueses la tenían en alta estima, como se demostró por las honras fúnebres y el comportamiento con su memoria. Si fuese una desconocida no hubiera tenido una despedida tan grandiosa y el trato ejemplar con que se la sigue recordando año a año, porque es aquí donde quiso reposar.
A otros vigueses de prestigio –Méndez Núñez, Luís Taboada, Vesteiro Torres– apenas se les recuerda en sus aniversarios. Lo que pone en evidencia el trato distinguido que recibe Concepción Arenal.
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