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Faro de Vigo

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Joaquín Rábago.

¿Farol nuclear?

Ésta es una guerra en la que todos fingen: finge la Rusia de Vladimir Putin disfrazándola de “operación especial” destinada a “desnazificar a Ucrania”.

Fingen también la UE y Estados Unidos al afirmar que la OTAN no está involucrada cuando envían continuamente armamento al país ilegalmente invadido, entrenan a sus soldados y le proporcionan todo tipos de datos de inteligencia militar.

Es, por otro lado, una guerra de cuyas causas indirectas –la ruptura del compromiso de la OTAN de continuar su ampliación hasta las mismas fronteras de Rusia– ya nadie quiere acordarse.

Es cierto que nada de eso –ni siquiera los años de guerra de Kiev contra los separatistas prorrusos del Donbás– justifican la invasión de ese país, pero es algo que no puede simplemente ignorarse.

Y cuando falla la diplomacia, y en este caso, ya sea por designio o por simple negligencia, su fracaso ha sido lamentablemente estrepitoso, hay que estar preparados para lo peor. Y ahí es donde estamos en este momento.

Ante el éxito parcial de la contraofensiva militar ucraniana, Putin no sólo anunció el otro día una movilización parcial, que afecta a 300.000 reservistas, sino que amenazó con utilizar el arma nuclear frente a un Occidente que quiere no sólo ganar la guerra, sino “destruir a Rusia”.

Algunos en Occidente hablan de “farol” de un autócrata que siente de pronto que está perdiendo la guerra, como dijo nuestro presidente de Gobierno, Pedro Sánchez. No lo sabemos: es imposible estar en la cabeza de Putin.

Pero un farol nuclear no es un farol cualquiera, y, aunque se nos aconseja desde los gobiernos de Occidente, tener la cabeza fría, no es algo que podamos tomarnos a la ligera.

No parece en cualquier caso que se lo haya tomado así el propio presidente de EEUU, Joe Biden, quien advirtió al país enemigo de que “ninguna guerra nuclear puede ganarse”.

Los gobiernos occidentales, al menos los de los países que, a diferencia de Polonia o las repúblicas bálticas, no son vecinos de Rusia, llevan tiempo diciendo que hay que evitar una escalada del conflicto con una potencia nuclear.

De ahí que hayan evitado hasta ahora el cierre del espacio aéreo ucraniano porque representaría la entrada directa de la OTAN en esa guerra en la que hasta ahora solo han muerto ucranianos y rusos.

De ahí también que algunos dirigentes como el canciller federal alemán, Olaf Scholz, se hayan resistido durante meses con todo tipo de pretextos a proporcionar a Ucrania los carros de combate que solicita con urgencia.

A Putin, la que él sigue llamando “operación especial” no le ha salido como se había imaginado. Su guerra no ha sido un paseo militar, pero el dirigente ruso tiene que mostrarles algo a los suyos a cambio de las decenas de miles de muertos rusos.

Nada más peligroso en cualquier caso que un animal herido como es actualmente el caso del presidente ruso. Lo razonable sería buscarle alguna salida, pero no parece que se den las circunstancias o que alguien esté dispuesto a ello.

En el otro lado, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, también tiene que demostrarles a los suyos que la resistencia al invasor ha valido la pena, lo que dificulta cualquier compromiso. Sobre todo si nadie desde Washington presiona en ese sentido.

Después de que Putin anunciase la movilización parcial, en las ciudades rusas cientos de personas se han manifestado contra la guerra, arriesgándose a ser detenidas, mientras otras intentan salir precipitadamente del país.

Uno entiende que no quieran convertirse en “carne de cañón” por una causa que seguramente no entienden ni comparten. Hay una canción tan hermosa como emocionante del francés Boris Vian titulada “El Desertor” que habla de eso.

Empieza así en la traducción al castellano: “Señor Presidente, le escribo una carta/ que tal vez leerá/ cuando tenga tiempo/ Acabo de recibir / mis papeles militare / para ir a la guerra/ antes del miércoles por la noche”.

Y continúa: “Señor Presidente/ no quiero hacerlo / no nací para eso / para matar a la pobre gente / No quiero que se enfade/ pero debo decirle/ que he tomado mi decisión/ Voy a desertar”. Tal vez la conozcan algunos de esos rusos.

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