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Francisco García.

Billete de vuelta

Francisco García

El éxito es el equipo

El éxito es el equipo. Lo acaba de confirmar en una demostración coral antológica la selección española de baloncesto, que se alzó con el cetro europeo contra todo pronóstico. Cosecharon fracaso quienes depositaron todas sus expectativas en las individualidades, por muy portentosas que fueran. Cuando la responsabilidad recae sobre una sola espalda el balón pesa como una bola de acero y el aro empequeñece hasta el tamaño de un gua.

Cualquier organización que aspire a triunfar en su ámbito, da igual el deportivo que el empresarial, el social que el político, debe poner la guía en la confianza ciega entre sus miembros, a lo que ayuda sin duda el sentido de pertenencia y el diseño claro de un “para qué” común.

Conviene que alguien dentro del colectivo ejerza el liderazgo. Cuando España ganó el Mundial de China, que no contaba entre las selecciones favoritas, Scariolo descubrió la más acertada de sus premisas: escuchar antes de hablar y de tomar decisiones. No basta solo con la autoridad: las personas que lideran un grupo deben dar ejemplo, construir un entorno sano y conocer las cualidades y las limitaciones de todos los integrantes.

El entrenador prepara los sistemas de ataque y defensa y diseña las jugadas en la pizarra, pero dispone de una antena sobre el parqué que ejerce de mariscal de campo para ejecutar el cumplimiento de sus indicaciones. En el baloncesto esa labor corresponde al base, la extensión del técnico. En cada organización alguien debe cubrir ese papel intermedio de heraldo.

El ego es el peor enemigo para gestionar a personas con talento. Es otra de las lecciones de Scariolo, que en sus principios pecaba de ataques de divismo. Eliminar lo superfluo y centrarse en lo esencial es otro de los mandamientos del buen equipo, como dividir las tareas y repartir las responsabilidades.

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