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Juan Tapia.

Nuestro mundo es el mundo

Juan Tapia

¿A garrotazos?

Las dos terceras partes de los españoles tienen poca o nula confianza en Sánchez y en Núñez Feijóo

El director de "El Periódico", Albert Sáez, remachaba el viernes lo advertido los últimos meses: “La capital de España es cada vez más Bruselas y los políticos locales harían bien en seguir más lo que allí acontece”. Pero lo hacen poco porque –se ha visto los últimos días– el objetivo del Gobierno parece ser hundir a Núñez Feijóo que, tras Andalucía, es ganador en las encuestas. Y el del PP proclamar cada día que España va mal por culpa de Pedro Sánchez.

Es lógico, no seamos buenistas, que Gobierno y oposición quieran ganar y tener la mejor solución a los problemas. Pero en una grave crisis geopolítica (guerra de Ucrania) y económica (el resurgir de la inflación y el miedo a una recesión en 2023) sería racional que no fueran, como en el cuadro de Goya, a garrotazos y siguieran con cuidado cómo afronta la UE –no sin problemas– el grave momento que vivimos. No nos podremos separar mucho de los remedios –o los apaños– que se acuerden en Bruselas.

La inflación daña más a los que menos tienen y en Europa hay una gran preocupación por que no se dispare la desigualdad. Y a que las dificultades de las empresas y la caída del poder de compra de los hogares por el brutal aumento de los precios de la energía (38,6% en el último año) quiebren la paz social. Por eso se impone, lo muestra el discurso esta semana de la presidenta de la Comisión en el Parlamento Europeo, gravar los ingresos no previstos (nunca imaginados o caídos del cielo) de las empresas energéticas. La conservadora Ursula von der Leyen propone topar el precio de las energías verdes y aplicar una tasa del 33% a los beneficios que superen el 20% de los últimos años.

No, no es lo mismo que la excepción ibérica o el impuesto del Gobierno a las compañías eléctricas, pero va en parecida dirección. Y el PP se equivocó al descalificar por ideología –siempre hay que bajar impuestos– la iniciativa del Gobierno y al votar contra el plan de ahorro energético. Y ahora, tarde y mal, tendrá que seguir a Europa. Aunque también el Gobierno deberá corregir su impuesto extraordinario.

Pero Sánchez ha incurrido en un error similar –el simplismo ideológico– al confundir la banca con las empresas energéticas. Nadie en Europa habla de beneficios caídos del cielo de la banca, por la simple razón de que no han existido. En los últimos años, el BCE ha impuesto tipos de interés mínimos, lo que ha rebajado el coste de la deuda de los estados y permitido reflotar la economía, pero ha perjudicado a la banca. Y Sánchez recurre al fácil populismo –los bancos no tienen buena imagen y menos tras la crisis de 2008– al culpabilizarlos. La banca ya depende mucho del BCE, que conviene que siga comprando deuda española y que ya ha dicho –la propia Calviño lo ha tenido que admitir– que la estabilidad financiera es esencial para la economía. ¿Cómo aplicar aquí un impuesto que les reste fuerza frente a la banca europea?

"Bruselas corrige la actitud de Feijóo sobre el trato fiscal a las eléctricas y Sánchez se queda solo en Europa con su impuesto a la banca"

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Si Feijóo hubiera estado más atento a Europa (y menos a Bildu y los jueces recalcitrantes) y Sánchez caído menos en el populismo izquierdista, España estaría bastante mejor. Pero Sánchez y Feijóo apuestan por polarizar contra el otro. Aunque así ambos queden rehenes de sus extremos. Sánchez de Podemos, que esta misma semana ha votado, como si no estuviera en el Gobierno, respecto al asunto clave del ingreso de Suecia y Finlandia en la OTAN. Y las encuestas, que dan ganador a Feijóo, indican que tendría que pactar con Vox para ser investido. ¿Es el escenario conveniente?

Además, la crispación castiga a los líderes de los dos grandes partidos. Según la última encuesta del CIS, el 68,5% de los españoles tienen poca o ninguna confianza en Pedro Sánchez, que arrastra el desgaste de la pandemia, la inflación y Podemos. Pero el 67,7% tienen la misma desconfianza en Núñez Feijóo, que acaba de llegar. ¿No ha logrado cambiar la imagen del PP?

Y la polarización llega hasta las encuestas. Según la última de “ABC”, el PP tendría un 35,1% del voto y sacaría 8,2 puntos al PSOE. En la de “El País”, el PP tendría el 27,9% y adelantaría a los socialistas en solo 1,5 puntos. ¡Vaya! En una, el PP y Vox sumarían 190 escaños, muy por encima de la mayoría absoluta. En la otra se quedarían por debajo, con 168.

¿No tendrían que repensárselo?

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