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Faro de Vigo

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Los demócratas de Trump

En las elecciones de 2016, Donald Trump ganó, en parte, gracias al apoyo de votantes demócratas frustrados con su propio partido y ahora, a dos años de las próximas elecciones, el apoyo por Trump se ha extendido incluso a los directivos del Partido Demócrata, aunque su objetivo sea totalmente opuesto: quieren promover a Trump para mejorar las posibilidades electorales de los candidatos demócratas.

Parece ser que algunos operativos del Partido Demócrata creen que el acercamiento a Trump es tóxico para los republicanos y que su mera presencia es suficiente para impedir mayorías del partido rival en las elecciones parciales que se celebrarán este mes de noviembre.

La consecuencia de esta teoría es que los candidatos parlamentarios favorecidos por Trump reciben también apoyo de miembros del Partido Demócrata, quienes esperan que, por el simple hecho de tener el patrocinio del expresidente, esos candidatos recibirán menos votos que sus rivales demócratas.

Para el partido que hoy ocupa la Casa Blanca y goza de mayoría en las dos cámaras del Congreso, una victoria de la oposición republicana representaría dos años en la penumbra política, pues si bien mantendría la presidencia hasta las elecciones generales de 2024, el Congreso estaría controlado por los republicanos, que podrían anular la mayoría de las iniciativas del presidente Joe Biden o de sus rivales en el Congreso.

Es lo que acostumbra a pasar en las elecciones a la mitad de los mandatos presidenciales, cuando el partido que tiene la presidencia sufre por el desgaste de poder y pierde cantidades importantes de votos en el Congreso. Es lo que le sucedió a Bill Clinton, cuya popularidad personal no fue capaz de proteger a sus correligionarios y se repitió con Barack Obama, quien tuvo que reconocer que habían dado a su partido una paliza electoral.

El Partido Republicano estaba muy confiado en repetir este patrón el próximo noviembre, pues el presidente Biden no es popular y las medidas aprobadas en los dos años de su presidencia han provocado un fuerte rechazo en las filas republicanas y no cuentan con gran apoyo en varios sectores de la población.

Pero los pronósticos no son muy halagüeños: algunas de las últimas encuestas dan a los republicanos un pequeño margen de ventaja de 4 puntos en el Senado, pero van 4 puntos por atrás en la Cámara de Representantes y, si no consiguen el control de ambas cámaras, tampoco podrán maniatar a Biden y su equipo ni impedir que se conviertan en ley los ambiciosos proyectos del Partido Demócrata. Otros sondeos son más favorables, pero la ventaja total de los republicanos no supera en ningún pronóstico los 4 puntos y las proyecciones van bajando cada semana.

Hasta ahora, los candidatos republicanos que contaban con el apoyo de Trump se han impuesto en algunos casos, pero han tenido grandes dificultades y han salido perdedores en otros. Los demócratas confían en que será fácil derrotar a aquellos republicanos que se impusieron en las primarias gracias a la ayuda Trump.

El rayo de luz para los republicanos es su ventaja entre los votantes independientes, que por el momento es de 8 puntos. Otro punto favorable –y novedoso– es el apoyo republicano entre negros, pues las encuestas lo sitúan en el 31%, y alcanza incluso el 42% entre otras minorías.

“La ventaja total de los republicanos no supera en ningún pronóstico los 4 puntos y las proyecciones van bajando cada semana”

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Las ganancias republicanas son especialmente grandes entre los hispanos, pues los últimos pronósticos indican que el 37% les favorece y este porcentaje podría crecer porque un 22% no se ha decidido. Más inquietante para los demócratas es que, si las elecciones fueran hoy entre Trump y Biden, el 44% votaría por Trump y el 43% por Biden.

Por otra parte, se podría calcular que las encuestas están algo sesgadas en favor de los demócratas debido al control que ejercen sobre una mayoría de medios informativos.

En el lado positivo para los demócratas es que la opinión en cuanto al presidente Biden, aunque muy baja, va mejorando y se acerca a la que tenía Trump en este momento de su presidencia, después de haber estado muy por debajo en los últimos seis meses y, aunque las elecciones de noviembre no incluyan a la Casa Blanca, todos los presidentes ejercen una influencia sobre los candidatos de su partido.

Tanto republicanos como demócratas tratan ahora intensamente de influir a la opinión pública, tanto con declaraciones y decisiones políticas, como con la ayuda de los medios informativos afines a su partido.

Los demócratas controlan la mayoría de los medios informativos y tienen también la ayuda de Hollywood, aunque este año los republicanos intentan un contraataque cinematográfico con la difusión de la película Mi hijo Hunter, centrada en torno a los vicios y la corrupción del hijo del presidente, Hunter Biden, quien se benefició de los cargos públicos de su padre para obtener beneficios económicos fuera del país y cuyos problemas con la droga son bien conocidos.

Es una corrupción que, según la película, no se refiere tan solo al hijo, sino que abarca también al padre, entonces vicepresidente con Barack Obama y beneficiario de los negocios turbios de Hunter Biden

El recurso al cine no es frecuente entre los republicanos y en este caso la difusión de la película puede quedar frenada por una relativa dificultad en verla y sobre todo por su elevado precio, pues cuesta más de 21 euros verla por internet y de momento no aparece en las salas de cine.

Muchos distribuidores cinematográficos saben lo que desean y detestan sus principales proveedores y electoralmente, la película perderá totalmente su interés el 8 de noviembre, cuando se celebran elecciones.

Sea cual sea el resultado de este noviembre, la carrera electoral de 2024 para la Casa Blanca empezará casi inmediatamente y la población norteamericana se verá sometida a dos años de bombardeo electoral.

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