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Faro de Vigo

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Pedro de Silva.

Comienzo de curso (así está el patio)

Una cosa es andar escuchando y otra oír sin querer. Aunque lo primero sea obligado en todo escritor, lo que sigue pertenece a lo segundo, en una playa del sur este fin de semana. Los vecinos de sombrilla, que no hablan bajo, son un matrimonio de profesores. Él ha salido quemado del pasado curso, donde lo achicharró un grupo de alumnos, tras haber impuesto en la pandemia que las ventanas estuvieran abiertas, con arreglo a la norma. Al negarse también a dar aprobados generales o cosas parecidas sufrió el acoso de los padres, luego los alumnos calificaron mal su trabajo y el profesor perdió una parte de incentivos económicos. Se le ve francamente abatido, y su mujer trata de darle razones para que no desfallezca: tenemos la obligación de formar buenos profesionales, no importa dejar de ganar algo de dinero si es por cumplir con el deber, etcétera. El panorama educativo me deja espantado.

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