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Faro de Vigo

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The Beatles y the Queen

Vivimos momentos en los que hasta antimonárquicos recalcitrante se rinden ante la pompa y circunstancia de su majestad Isabel II. Hasta sus súbditos rebeldes de las colonias americanas se adhieren fervorosos al duelo y parecen añorar aquel siglo XVIII, en que todavía eran parte de aquella familia real cuyo glamour sigue fascinándoles.

¿Veremos a Biden pidiendo la adhesión a la Commonwealth con el rostro de Carlos III impreso en los dólares?

Yo reconozco que tengo mi motivo personal para admirar a Isabel II.

Allá por 1965, ella y su gobierno (el de Harold Wilson) tomaron la insólita decisión de nombrar caballeros del Imperio Británico a los Beatles.

Era la primera vez en la Historia de la humanidad que unos músicos populares veinteañeros eran condecorados por su monarca. Y aquello trajo revuelo: veteranos de las dos Guerras Mundiales, pilotos de la RAF y héroes de la Royal Navy protestaron por la ofensa que convertía a sus medallas en un oprobio. Al final las aguas se calmaron y fueron pocas las insignias finalmente devueltas.

Y hay que reconocer que Lilibet le echó valor a aquella decisión.

En 1965 los Beatles estaban todavía a la mitad de su carrera y aún era inimaginable lo que sería su influencia cósmica y su grandeza medio siglo después.

Una mañana de octubre la reina se sobresaltó con los alaridos de miles de fanáticos que trataban de saltar las verjas de Buckingham para ver la ceremonia de la condecoración en primera fila. Los bobbies hicieron su trabajo y los Beatles pudieron ser honrados por su reina sin mayores sobresaltos.

Pero Isabel II, para demostrar su olímpico aislamiento e ignorancia de las hazañas de sus cuatro súbditos de Liverpool, no tuvo otra ocurrencia que dirigirse a Ringo y preguntarle si él era el fundador del grupo, a lo que el batería respondió: No, no… yo soy el último mono.

Acabó la ceremonia e Isabel debió respirar aliviada al ver que las hordas se retiraban persiguiendo ahora al Rolls Royce negro propiedad de John Lennon.

En 1965, no nos engañemos, en la España todavía en blanco y negro se solía calificar a los Beatles de yeyés, peludos, gamberros, casposos y cosas mucho peores que mejor me reservo. Su música era considerada como una especie de excentricidad pasajera.

En Gran Bretaña y Estados Unidos las cosas iban siendo ya distintas pero hay que valorar aquel arriesgado gesto de Isabel en favor de aquellos jóvenes músicos que, poco a poco, se convertirían en clásicos del siglo XX (y del XXI).

Los Beatles le devolverían a the Queen la cortesía con la breve canción que cerraba el LP Abbey Road: Her Majesty, dedicada a aquella “prety nice girl”, la treintañera que cuatro años antes les había regalado la respetabilidad y el reconocimiento del trono imperial.

*Instituto de Estudios Vigueses

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