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Da Vinci, mucho más que un talento del Renacimiento

Generalmente asociamos la palabra Da Vinci a ese ser florentino del renacimiento italiano de nombre Leonardo, que albergaba un conocimiento multidisciplinar en el ámbito artístico, la medicina, la anatomía, la filosofía o el urbanismo, entre otros muchos campos del saber. En definitiva, uno de los genios de referencia universal de todos los tiempos .

Quizá por ello, cuando los ingenieros decidieron bautizar como Da Vinci, a un ingenio quirúrgico de última generación, pensaron que hacían justicia al darle a su aparato el mismo nombre de aquel talentoso ser humano del siglo XV.

¿Y en qué consiste este nuevo Da Vinci del siglo XXI? Pues en una máquina robotizada capaz de operar con precisión matemática en órganos internos, con una limpieza operativa que reduce en gran medida los problemas inherentes al propio acto invasivo de la cirugía al acceder a las zonas afectadas. El equipo, con la pericia del cirujano. La máquina no toma decisiones, permite la realización de incisiones diminutas y de gran precisión. De modo que, tanto los cortes superficiales como los realizados en los propios órganos, al ser más precisos hacen que, el post operatorio y la hospitalización del paciente se reduzcan en gran medida. Tal es así que, en muchos casos, con unas veinticuatro horas de control hospitalario, el individuo recién intervenido sale por su propio pie para acometer en su hogar, la recuperación de esa intervención de cirugía mayor realizada con el Da Vinci.

Esta técnica robótica llegó a España en el 2006. Las primeras unidades se instalaron en el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Cataluña y en el Hospital Clínico de Madrid. A Galicia, el primer equipo Da Vinci tardaría aún ocho años en llegar, en el 2014 y lo hizo a un centro de gestión privada: el Hospital San Rafael de A Coruña. Posteriormente fueron adquiridas otras unidades para instalar en otros dos centros privados: en el 2015 al Hospital HM Modelo, de la misma ciudad y en el 2019 al Hospital Vithas Fátima de Vigo. De modo que, hasta el año 2021 la sanidad pública gallega no contó con sus primeros equipos Da Vinci en funcionamiento. Es decir, la administración tardó diecinueve años, desde que llegó la primera unidad Da Vinci a España, en dotar a los hospitales públicos gallegos con esta tecnología. Por ello, para cualquier ciudadano de la comunidad que haya padecido un proceso clínico que podría ser solucionado con este tipo de cirugía robótica, como por ejemplo las intervenciones de próstata, ha sido inviable hacerlo en la sanidad pública de Galicia ya que sólo ofertaba la técnica convencional o la laparoscópica. El robot Da Vinci, sólo estaba disponible para personas con capacidad económica de sufragar la intervención en la sanidad privada.

En el caso concreto de los prostáticos, hubo una peregrinación como la Xacobea, pero en plan Da Vinci. Primero hacia la ciudad francesa de Burdeos, lugar en el que se instaló, si no el primero, uno de los iniciales equipos. Allí la intervención venía a costar unos veinte mil pavos. El cirujano Richard Gastón, era la persona de referencia y maestro de muchos facultativos que hoy operan con ese robot. Cuando el boca a boca entre los pacientes satisfechos con los resultados de la cirugía robótica se empezó a diseminar, la peregrinación prostática se desplazó también hacia los hospitales privados del Estado que ofrecían intervenciones con esta tecnología. La cosa salía un pelín más económica, pero no demasiado. Este movimiento quirúrgico supuso un goteo de cuartos hacia la sanidad privada y, por lo tanto, un ahorro sustancial para las arcas de la sanidad pública al verse liberada de tener que practicar esas intervenciones.

Con una de las poblaciones más envejecidas de Europa, por lo tanto, con un nivel de pacientes prostáticos elevado, parece en principio extraño que la sanidad pública de Galicia, dada las ventajas a todas luces de este equipamiento para ciertas intervenciones, no se decidiera a adquirir antes alguna de estas unidades para atender a sus administrados, generando, a la hora de tener que someterse a una intervención quirúrgica obligatoria, ciudadanos de dos categorías: los que se la podían costear en la medicina privada, o los que, por no disponer de recursos económicos se veían en la tesitura de que su cirugía, pese a poder estar indicada para realizarla con el robot, se hiciese con técnicas convencionales que, además de ser menos precisas, requiere también más tiempo de hospitalización y recuperación, así como mayor posibilidad de secuelas a medio-largo plazo.

Por fin, como hemos comentado, en 2021, seis años más tarde de la introducción del primer Da Vinci en el sistema privado gallego, llegaron siete de estos equipos a los hospitales públicos de la comunidad, por lo que, los ciudadanos que precisen ahora una operación tipificada para estas máquinas podrá, si es pertinente y aconsejable desde un punto de vista clínico, solicitar la intervención mediante este protocolo quirúrgico sin tener que verse obligados a comenzar, como les sucedió a las generaciones precedentes, a un peregrinaje en el desierto y poniendo la pasta por delante porque la administración había considerado que no era necesario implementar el Da Vinci en el sistema público de Galicia, mientras el privado hacía caja con el robot.

La longevidad es lo que tiene y, al ir cumpliendo, la próstata seguro que va a cantar en cualquier momento. Pero ya sabes, si te da la lata es que sigues ahí, en pie y eso sí que es una suerte. Porque la única otra opción que queda al tema de hacerse viejo, es bastante peor y seguro que no la compras. O sea que, ahora, si el cirujano piensa que tu caso es idóneo para utilizar el robot, tendrás la suerte de que la intervención te la realicen en la sanidad pública con el Da Vinci, casi sin moverte de casa y, muy importante, sin pagar un chavo, al contrario de lo que les sucedió a tus predecesores prostáticos. Así que, “a vivir que son dos días”.

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