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Faro de Vigo

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Perestroika o renovación

En 2015, Jaume Miquel publicaba su libro ‘La perestroika de Felipe VI’ sobre la crisis del sistema político, que avanzaba a caballo de la crisis económica y financiera que había arrancado en 2008 y que todavía nos mantenía atemorizados y confusos, con un desempleo insoportable y sin expectativas para la gran masa de ciudadanos que se hallaba en la parte inferior de la escala social.

En síntesis, Miquel distinguía entre perestroika –restructuración– y renovación –regeneración–. En estos 40 años de democracia, el elector, según los sondeos, ha asimilado como cierto que el consenso del 78 fue un pacto de las élites políticas y financieras para prorrogar su hegemonía en un nuevo marco. Por ello, se produce una crisis de representación, evidenciada en las movilizaciones del 15M que dan lugar al nacimiento de los partidos alternativos, que asoman por primera vez la cabeza entre las frondas del bipartidismo con ocasión de las elecciones europeas de 2014. El “no nos representan” es el lema que explica la decadencia del bipartidismo imperfecto y el éxito de partidos nuevos como Podemos, Ciudadanos o Vox.

En este clima de cambio de ciclo se produce también la abdicación de Juan Carlos I en su hijo Felipe VI (junio 2014), quien presencia la gran conmoción suscitada por el fracaso institucional de los poderes tradicionales con respecto a una crisis que es equivocadamente planteada por la Unión Europea y dolorosamente asumida por los gobiernos nacionales, que no tienen más remedio que someter a sus ciudadanos a una terapia de choque que preservará los intereses del establishment a costa de un injusto incremento de la desigualdad.

“El ‘no nos representan’ es el lema que explica la decadencia del bipartidismo imperfecto y el éxito de partidos nuevos”

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La disyuntiva derecha-izquierda pierde ímpetu y en su lugar se establece otra distinta entre las fuerzas del posfranquismo –PSOE, PP, IU– y las nuevas entidades políticas. Las formaciones de la primera categoría están empeñadas en rescatar, mejorar, reformar y maquillar el régimen del 78; en cambio los nuevos partidos prefieren cultivar el germen de la innovación, partir de cero en lo que sea necesario para edificar un nuevo sistema de representación y convivencia que abandone los viejos prejuicios y, de paso, se pronuncie sin ambigüedades sobre el desentendimiento civil que está en el origen de todo.

Sucede sin embargo que el último día de 2019 el PSOE y Unidas Podemos consiguen un pacto de coalición que les permitirá gobernar con otros apoyos progresistas de la Cámara Baja. Y surge un gobierno con voluntad de durar que como primera medida tiene que conciliar sus aspiraciones: compiten los promotores de la perestroika, que quieren mejorar lo que hay, y los impulsores de la innovación, que aspiran a dar un salto cualitativo sin referentes anteriores y con la mirada puesta exclusivamente en el futuro.

La conciliación de ambas posturas no está siendo fácil pero es plausible el empeño de las dos partes por avanzar pacientemente en el camino del acuerdo y de la puesta en común de aspiraciones no siempre convergentes. La ley de Memoria Democrática, que pronto llegará el BOE, es un primer intento de superar el llamado posfranquismo para contemplar el pasado desde perspectivas más sanas, desprejuiciadas y descargadas de resentimiento. Y es de suponer que este final de legislatura que durará, si no surgen imprevistos, hasta finales de 2023, estará cuajado de acciones legislativas encaminadas a perfilar un “nuevo régimen” basado, como diría Miquel, no en “el orden” del 78 sino en “el sistema” del 78. Especialmente relevante será la reforma/derogación de la ley de Seguridad Ciudadana, ideada por el Partido Popular para frenar las movilizaciones y los cambios impulsados por las organizaciones alternativas en lo más profundo de la crisis económica. Parece evidente que deben desaparecer los rasgos más duros de una norma que no pretendió extender la libertad de expresión sino recortarla y encadenarla.

Otras leyes en marcha son la de Secretos Oficiales y las que elabora el Ministerio de Igualdad: la ley del solo sí es sí, la ley trans, la de trata y la de aborto y familias… Las dos primeras muy avanzadas, las otras dos con problemas en el camino. En cualquier caso, parece que el rumbo emprendido es el correcto: el PSOE garantiza la perestroika y UP azuza la innovación. La mezcla es positiva.

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