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Matías Vallés.

AL AZAR

Matías Vallés

Estados Unidos no es el bueno

El bueno de la película

El consenso mundial otorga a Putin el título de supervillano global, a la altura del Blofeld de James Bond o del Moriarty de Sherlock Holmes. A continuación, la tentación maniquea obliga a designar al bueno de la película, y mira por dónde en el Museo del Prado se entregó el galardón de la bondad universal a los Estados Unidos de costumbre. A nadie parece inquietarle que ese país predique la paz perpetua mientras sus ciudadanos, convenientemente armados por el Tribunal Supremo, resuelven las disputas caseras a tiros. La obviedad de que el país pacifista ofrece un currículum ensangrentado se remonta a ayer mismo, en las absurdas guerra sin rival de Afganistán o Irak, libradas con el ‘The New York Times’ de patriótico portaestandarte.

Estados Unidos no es el bueno, pero en Madrid consiguió ese título en el capítulo del armamento pesado, sin perder su sugestivo poder blando. Los tres mayores espectáculos del año son ‘Top Gun’, ‘Jurassic World’ y ‘Elvis’. El dominio estadounidense resulta tan aplastante que ni siquiera necesita renovar sus franquicias. Las citadas tienen cuarenta, treinta y setenta años de vigencia respectivamente. Solo pueden darles réplica los superhéroes de la Marvel, medidos en siglos de antigüedad. Dada la longevidad de los símbolos, puede hablarse en puridad de una religión. Muy lucrativa, dicho sea de paso.

Periódicamente, los líderes izquierdistas plantan cara al dogma de que Estados Unidos es el bueno de todas las películas, y sucumben. Felipe González arraigó en el marxismo y el derecho de autodeterminación, antes de entrar en la OTAN con la cabeza gacha y de colocar a un español de secretario general. Zapatero se negó a levantarse ante el desfile de las barras y estrellas, pero acabó su carrera política y la del PSOE al obedecer ciegamente a una llamada de Obama que ‘voy a seguir, me cueste lo que me cueste’. En la actualidad, Sánchez denuncia los poderes económicos y mediáticos provincianos españoles. A continuación se planta firmes ante el conglomerado militar industrial estadounidense que ya denunciara Eisenhower, y pagando. No sé cómo lo consiguen.

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