Si analizamos los factores causales de la enfermedad alcohólica, con frecuencia tiene la base en psicopatologías como la ansiedad y depresión, estrés, estrés postraumático, fobias, trastornos de personalidad, adicción al juego, a internet, al sexo, a las drogas y otras adicciones, víctimas de acoso, problemas sexuales, de pareja y familiares, falta de confianza, de seguridad y de autoestima, fracaso en estudios, proyectos, metas, etc.

En conjunto, todas las enfermedades mentales y situaciones de fracaso en la vida, pueden ser la vía de entrada al alcoholismo. Algunas bastante frecuentes como la depresión y ansiedad, son como imanes para atraer más complicaciones y con ello más enfermedades, y en especial el alcoholismo. Los hallazgos del estudio Clinical and Experimental Research llevado a cabo por Karl Mann, ponen en evidencia que las consecuencias de la ingesta de alcohol en las mujeres, pueden producir graves daños neurológicos incluso más que en los hombres. Estos mismos patrones se pueden aplicar para otras enfermedades como la cirrosis y la depresión. Según el mismo estudio, una mujer que consuma alcohol tiene más porcentaje de probabilidad de sufrir cáncer de pecho. Y para el cáncer de boca si se une alcohol y tabaco, las cifras alcanzan más del 85%.

A día de hoy se puede afirmar que la mezcla de tabaco y alcohol se convierte en la principal causa de cáncer. En las mujeres se complica por la baja autoestima ya que tienen más posibilidades de caer en un alcoholismo dramático. La soledad y falta de afecto también pueden ser caminos directos hacia la adicción alcohólica.

Cuando se ama de verdad y con compromiso, hay que intentar convencer a esa persona cercana, como de hijos a padres, o de padres a hijos, entre la pareja, familiares, amigos. Ha llegado el momento de implicar a esa persona para el tratamiento. No se puede esperar más drama, y que esa “persona muera”, por cáncer, suicidio, accidente, o su cerebro se descomponga. Para obtener a la larga un tipo de vida saludable, conviene eliminar los tóxicos que la van destruyendo.

A su vez el alcohol es enemigo del potencial sexual y de las relaciones sexuales. También es el caso de muchos órganos del cuerpo y en especial del cerebro. El alcohol es altamente destructivo, entorpece los sentidos y la respuesta sexual. La disfunción eréctil es el primer síntoma de otras muchas enfermedades, como problemas cardiovasculares y la hipertensión. En el caso de la disfunción se ve y se palpa, siendo una alerta, y es seguro que otros problemas corporales ya existen.

Tomado en exceso, el alcohol genera el bloqueo de las habilidades sexuales, entre otras complicaciones, algunos frecuentes del hombre, ya que puede causar impotencia y disfunción eréctil, puesto que al atacar al buen funcionamiento del sistema nervioso central, inhibe la excitación y la erección desaparece, y la falta de deseo crece. Produce deshidratación y anula la eyaculación.

En la mujer, sequedad vaginal, además puede desvanecerse su interés, y quedarse dormida. El incremento del alcoholismo hay que frenarlo, consiguiendo un consumo racional para disfrutar de más calidad de vida.

(*) Psicóloga