Opinión | DE UN PAÍS

Tiempo de tribulación

El rotundo resultado de las elecciones andaluzas ha sido una sorpresa para todos, incluidos los ganadores. Ni las encuestas previas ni esa sensación que los olfatos finos son capaces de captar en la calle durante las últimas jornadas antes de la cita electoral, hacían prever la magnitud final de la victoria de Moreno Bonilla. Es cierto que la distribución de escaños con que el sistema D’Hondt premia a los grupos mayoritarios ha dado un empujón extraordinario a las cuentas del PP, más allá de su abultado número de votantes, pero nada empaña el mérito del candidato conservador.

En toda elección política, como en cualquier escenario de incertidumbre, se dan –siguiendo a Kahneman– distintos tipos de reflexión previa: hay un nivel reposado, lento, lógico y argumentativo y otro no deliberado, rápido e intuitivo. Tengo la impresión de que en esta ocasión ambos procesos reflexivos confluían en la idoneidad de la figura de Moreno Bonilla. Los socialistas estaban avisados: sus propios votantes daban un aprobado (5,2) al candidato del partido popular, a Juanma, y esto se ha traducido en que el 13% del electorado socialista de 2018 ha votado ahora finalmente por él. Ya saben, hay algo en la mente humana que aborrece perder.

"Además de estas y tantas otras causas adheridas al discreto Moreno Bonilla, creo que en la balanza ha pesado también la creciente sensación de inseguridad e incertidumbre que vivimos"

A su favor han jugado todos los aciertos propios como los errores ajenos, entre ellos, la soberbia de Vox de aspirar a entrar en el gobierno, “aunque al PP le falte un único diputado”, y un candidato socialista que remitía demasiado al pasado que ahora los andaluces no querían resucitar. Además de estas y tantas otras causas adheridas al discreto Moreno Bonilla, creo que en la balanza ha pesado también la creciente sensación de inseguridad e incertidumbre que vivimos.

La guerra en Ucrania se hace crónica; los precios de la energía siguen al alza y la inflación vacía la cesta de la compra. Todo lo que se anunciaba como coyuntural y pasajero parece decidido a quedarse entre nosotros por un tiempo indeterminado. En estas situaciones, el electorado español tiende a ver en el PP un seguro contra los desmanes macroeconómicos, una cura de adelgazamiento que se aplica paradójicamente sobre quienes menos la necesitan. Pero esa será historia de otro momento. Ahora, los andaluces se han aplicado las palabras que atribuimos a Ignacio de Loyola: “En tiempo de tribulación, no hacer mudanza”.

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