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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Defender a la gente

Con la llegada del verano –solo oficial, de momento, aquí– se ha intensificado un esfuerzo preventivo en materia de lucha contra el fuego forestal que este año tiene una característica especial y un riesgo confirmado en los que conviene insistir. La primera es la reiteración de la llamada a la colaboración de los concellos por parte de Medio Rural con, por ahora, tibia respuesta municipal. Lo cual no solo complica las tareas de la Xunta, sino que acrecienta la sensación de que este año tendrá, por desgracia, como prioridad la política electoral sobre la necesaria, resumida en pensar en la gente antes que en los partidos –en unos más que en otros– y en las urnas. Pero ese es un déficit de generosidad y altura de miras que, aunque lamentable, no le extraña a casi nadie.

En cuanto al riesgo, que no es nuevo pero sí creciente, se refiere al que se cierne sobre núcleos habitados y ubicados cerca de masa forestal o silvestre, y que pone en peligro severo a las personas. Cierto que desde el departamento que dirige don José González se han establecido medidas, en teoría obligatorias, acerca de la distancia entre la vegetación y las viviendas y urbanizaciones, pero una cosa es la norma y otra su cumplimiento. Y aunque parece que las brigadas de prevención y de extinción tienen capacidad para informar sobre esto último, resulta medible, siquiera por el número habitual de fuegos, que hay demasiados propietarios o inquilinos que “olvidan” la obligación, dato que lleva a la necesidad de un control más severo y más frecuente.

Es oportuna otra observación: la evidencia del cambio climático debería obligar a la revisión de los periodos preventivos establecidas. Quedó demostrado que las variaciones en materia de temperaturas, lluvias, vientos etcétera son hogaño menos previsibles que antaño, y eso requiere cambios incluso sobre los ya hechos, que se no son inapropiados, pero desde luego insuficientes. Y que producen un efecto colateral desmoralizador para quienes dedican una gran cantidad de dinero público con el objetivo de reducir los incendios. También en la ciudadanía que espera, y exige, mejores resultados ante la magnitud del coste y de los daños, entre los que, por cierto, están ya los personales de máxima gravedad, no solamente los materiales.

Este dato, el riesgo para la gente, ha de incorporarse a los lemas convergentes en la necesidad de “salvar el monte”. El caso del incendio Wen la Sierra de la Culebra, en la vecina Zamora, ha de ser un aviso mejor atendido que el terrible ocurrido no ha demasiado en Portugal, con incendios voraces y asesinos y una terrible lista de víctimas mortales. No se trata de poner en duda, y mucho menos de discutir, la preocupación oficial por la seguridad ciudadana ante el fuego, sino de tener en cuenta las variaciones de todo tipo que se están produciendo, así como las facilidades que el “vaciado” de Galicia suponen para alimentar los incendios, al abandonarse de facto de fincas, huertas y espacios cultivados. En esa línea, dar trabajo y futuro al rural es el modo de salvar a su gente.

Así las cosas, y siempre desde una opinión personal, queda una reflexión en la que insistir: es obvio que los daños producidos por el fuego forestal causan un daño a medio y largo plazo, tanto o mayor que el inmediato y en consecuencia la figura penal debería contemplar la posibilidad de mayor gravedad en las penas con que se castiga. Y no basta con solicitar que se apliquen las que ya existen, sino analizar si, de hecho, producen el efecto disuasorio que deberían. Porque, a día de hoy, eso es más que dudoso: a los pirómanos le suelen salir gratis sus desmanes, con poca sanción efectiva. Cierto que es muy difícil probar los hechos, y por eso resulta imprescindible ampliar y mejorar los servicios de inteligencia. Porque en los pueblos de Galicia suele conocerse los entornos en los que se prende fuego, y eso es preciso prevenirlo dentro de la ley. Pero teniendo en cuenta que ahora, además de a los árboles, hay que defender a la gente. Eso es Política, con mayúscula.

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