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Faro de Vigo

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Luis Carlos de la Peña

“España invertebrada”: 100 años

Cuando José Ortega y Gasset, con apenas 19 años, publicaba su primer artículo, precisamente en el FARO DE VIGO del 28 de agosto de 1902, no debía ser posible hacerse una idea de los derroteros que tomaría la vida del futuro catedrático de Filosofía e intelectual madrileño. Aquel texto, escrito bajo la doble inspiración de las “Sonatas” de Valle Inclán y su estancia veraniega en el entonces idílico barrio vigués de Peniche, era el prólogo a una brillante trayectoria de intervención periodística que no cesaría sino con su fallecimiento en 1955.

No somos pocos los que recordamos este año el centenario de la publicación en forma de libro de “La España invertebrada”, inicialmente dos series de seis artículos publicados en el diario ‘El Sol’, entre diciembre de 1920 y febrero de 1922. Con tal motivo leemos una vez más el centenar escaso de páginas de este ensayo provocador, nervioso y excitante: prosa periodística testimonial y de combate. En el frontis, una declaración: se trata de España, la materia que desde el siglo XVII más espacio ocupa en las cabezas de los arbitristas, los regeneracionistas, de los conservadores y reformadores del país hasta hoy mismo. Una España percibida como enferma, invertebrada; un mal que nace de las gentes del país: de los vascos, catalanes y gallegos, de los andaluces y levantinos y, sobre todos ellos, de los propios castellanos. Cada uno de ellos empujado por una fuerza centrífuga que lo aleja de los demás, ajenos a las pulsiones e intereses del vecino.

“Los grupos que integran un Estado ‘no conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo’”

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Lejos de detenerse en los agravios esgrimidos por unos y otros –y contra los unos y los otros–, Ortega constata la ausencia de una fórmula aglutinante, de un “proyecto sugestivo de vida en común”. Una propuesta de aventura hacia nuevas metas, que no se impone sino que interesa por sus potencialidades de mejora compartida. El concepto de “incorporación” a una nueva idea política, cultural, de organización social o desarrollo productivo, tiene mucho de seducción y casi todo de voluntariedad. Los grupos que integran un Estado “no conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo”. Para quienes la política es antes de nada servicio público y aspiración a la gradual mejora general, las breves páginas de 'La España invertebrada', en particular su primera parte, completan un texto que continúa estimulando la reflexión y la esperanza.

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