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Xaime Fandiño

MÁS ALLÁ DEL GUETO CRONOLÓGICO

Xaime Fandiño

Soledad y estructura social

La sensación de soledad se relaciona directamente con ámbitos como la autonomía, la actitud o las necesidades subjetivas de cada individuo, así como el nivel de relaciones interpersonales y los escenarios de interacción social.

Estar solo puede ser un acto voluntario si la persona disfruta con y de su estado, pero es difícil que esto pueda desarrollarse de forma perenne. El ser humano es un sujeto social por naturaleza y precisa de interacciones para enriquecer su vida. Como somos heterogéneos no todos necesitamos estos contactos en igual cuantía e intensidad, pero la ausencia total de ellos no augura nada bueno.

La soledad no es un capítulo exclusivo de la vejez, aunque se acentúa en ese estadio vital por la pérdida de los próximos y las redes de relación que se transforman, debilitan o desaparecen por el paso del tiempo. Por otro lado, las ciudades no están pensadas como ágoras de relación intergeneracional más allá de los espacios familiares en el hogar. Un lugar endogámico en donde muchos abuelos conforman el eje de la conciliación familiar atendiendo a los nietos con el fin de cubrir las necesidades laborales de sus hijos, por lo menos mientras su salud física y mental se lo permite. Pero como el calendario no se detiene, tarde o temprano habrá que articular un plan de contingencia para cubrir el deterioro personal de ese ser humano que pasará, de ser una ayuda, a convertirse en un problema al que no es fácil darle una solución satisfactoria, tanto desde el punto de vista afectivo como funcional.

Lo que era normal en nuestras sociedades pretéritas, es decir, vivir en el barrio y morir en casa, se ha convertido hoy en una especie de utopía. Así, el estar solo, que no abandonado, llegada una edad se ha convertido en un estándar y cada viejo y vieja van sorteando el tema como pueden de modo que, a algunos, en función de su estado anímico, físico, social... se le hace más cuesta arriba que a otros el día a día. Si uno vive solo en su hogar, tiene más posibilidad de entrar en barrena, que el que tiene algún contacto próximo y, si está institucionalizado, recluido en un centro residencial, el sentir la soledad en carne propia dependerá de muchos factores pues, estar rodeado de una muchedumbre de personas contemporáneas no quiere decir que uno se sienta acompañado.

Para intentar paliar las desfeitas a las que ha llevado la vejez en esta sociedad contemporánea y pensando que el éxito social de la longevidad necesita un replanteamiento realista y posibilista, han comenzado a surgir iniciativas habitacionales que, con más o menos perfil intergeneracional, se están orientado a cubrir de forma digna las expectativas de los mayores para paliar esa soledad no deseada e involuntaria. Paralelamente se están diseñando redes de barrio, de modo que, desde la farmacia a la panadería se lleguen a establecer iniciativas de seguimiento amable de las personas mayores que deciden vivir solas para evitar que queden aisladas e ignoradas socialmente, como por desgracia ha ocurrido en algunas ocasiones llegando a fallecer en su hogar sin que nadie se entere. El nuevo apostolado de barrio contra la soledad pasa por los bancos de tiempo solidario donde voluntarios intergeneracionales dedican los excedentes de sus compromisos horarios para establecer relaciones y vínculos interpersonales más allá del nivel etario de sus colegas.

Por ahora estamos en la primera fase del aprendizaje en envejecimiento, una asignatura a cursar desde la más tierna infancia y donde queda todo por hacer para un escenario futuro que se presume por suerte muy longevo.

http://www.xaimefandino.com

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