Esta semana se desarrollaron las pruebas de acceso a la universidad para 12.700 estudiantes en Galicia. Este es el punto final de la educación secundaria que, después de la ESO, obligatoria, prepara a los alumnos que así lo hayan decidido para el acceso a la educación superior. Los llamados estudios terciarios, sin embargo, no se limitan a una posibilidad que aún hoy es percibida, erróneamente, como la vía con más prestigio para acceder a una carrera profesional. Desde hace años está sobre la mesa el debate sobre los ciclos formativos de grado superior, conocidos como formación profesional (FP), una opción que cada día gana más adeptos y que ha dejado de ser, para muchos estudiantes, una alternativa de menor rango.

Muchos datos avalan el auge de la FP y, en especial, la necesidad de llevar a cabo una política de asesoramiento entre el alumnado no solo en los dos años de bachillerato (que están encaminados a la superación de las pruebas de acceso a la universidad) sino durante el periodo de la ESO. Las matriculaciones en FP han aumentado un 43% en los últimos cinco años. Las causas son diversas, pero todas contundentes. La FP es altamente exigente y representa un recurso educativo que los expertos valoran con argumentos como la integración más rápida en el mercado laboral (se trata de dos años, después del bachillerato, a diferencia de los cuatro de un grado universitario) o la adecuación efectiva de los recursos docentes a las vocaciones y habilidades de los alumnos.

Ambas formaciones son diferentes, por supuesto. En el caso de la universitaria, se requiere el grado para el ejercicio de determinadas profesiones liberales, con el aditamento de un máster obligatorio; en el caso de la FP, la adaptación a las necesidades cambiantes permite una mayor flexibilidad y empleabilidad, con la mirada puesta en una clara orientación al aprendizaje práctico. El prestigio que van adquiriendo los ciclos formativos (desde la informática a la sanidad, pasando por el comercio internacional y los estudios de imagen y sonido, por ejemplo) se basa también en estadísticas como la del Ministerio de Educación: mientras el paro juvenil asciende a cerca de un 40%, entre los titulados en FP se sitúa solo entre el 6% y el 7%. En el caso concreto de Galicia, los últimos informes de la Xunta sitúan la inserción laboral de estos titulados en el 85% y casi “plena” si se incorpora en la ecuación la FP Dual.

“Muchos datos avalan el auge de la formación profesional, y demuestran que el acceso a la madurez intelectual y profesional no es exclusivo de la formación universitaria”

Por otro lado, son significativas dos cifras más. La que se refiere a los estudiantes que abandonan la universidad o cambian de grado (en torno a un 33%) y la de los mayores de 30 años (un 17%) que cursan FP. Significa que es necesaria una información adecuada y una orientación profesional que, en el caso de la comunidad gallega, la Consellería de Educación se plantea como prioridad. Al mismo tiempo, se producen intercambios, pasarelas y convalidaciones entre FP y universidad que deben intensificarse, puesto que la vía de la FP no solo es de inserción laboral, sino que también se impone como una continuidad académica de unos estudios que pueden desembocar en la profesionalización o en otras alternativas de enseñanza superior.

Resulta así pues esencial una fluida interrelación con el tejido productivo que permita dar una respuesta anticipada a lo que necesitan las empresas porque no hay que olvidar que además de las tendencias estatales a la hora de elegir FP, Galicia tiene también sus peculiaridades con sectores específicos muy dinámicos vinculados al mundo del mar, la metalurgia, automoción, madera o textil.

La falta de profesionales formados se ve agravada con el aumento del empleo esperado para los próximos años. Solo en esta década, el mercado laboral español necesitará cubrir 10 millones de empleos, la mayoría con titulados en formación profesional, según el último “Observatorio de la FP” que elabora CaixaBank Dualiza en colaboración con Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad. De todos ellos, en Galicia serán 560.000 y de estos casi el 90% (520.000) por reemplazo –para cubrir los puestos de trabajo de quienes se jubilan– y apenas el 10% de nueva creación. La carencia de relevo se agrava aún más en el mercado laboral gallego que se “arruga” a marchas forzadas con la pérdida en los últimos veinte años de la mitad de sus trabajadores jóvenes como consecuencia de la crisis demográfica y de su fuga a territorios con mayores salarios.

Los casos de éxito de Alemania o del País Vasco, con una interacción constante con el tejido empresarial a partir de la fórmula dual de educación teórica y trabajo práctico y con una apuesta política clara por la FP, se presentan como ejemplos a seguir para que el acceso a la madurez profesional e intelectual no se limite al mundo universitario. Apostar intensamente por potenciar esta modalidad, sobre un consenso social entre administraciones y empresas, es clave para el desarrollo y la sostenibilidad.