Hace unos días ciudadanos gallegos se han manifestado en Santiago contra instalaciones de parques eólicos y uno de los argumentos utilizados es que hay unos 300 proyectos encima de la mesa para acometer una importante inversión financiera y que por lo visto eso es muy malo para Galicia.

Una vez más el cuerpo social y político que sostiene tradicionalmente en Galicia, la paralización de proyectos de inversión que crean riqueza y puestos de trabajo, alegando nobles intereses, lo que al final consiguen, es extorsionar y ahuyentar a las empresas que pretenden llevar a cabo importantes inversiones y en cualquier caso sacar tajada.

En el caso de la producción energética alternativa con fuente renovable como es el caso del aprovechamiento del viento, facilitaría determinantemente la independencia energética de Galicia, dado que se podría aprovechar un recurso no contaminante en un momento histórico del proceso de descarbonización energética que inevitablemente se producirá con la retirada progresiva del petróleo como combustible energético.

Para producir energía eólica hace falta viento, pero también inversiones significativas en los molinos eólicos, avanzados tecnológicamente, sistemas de evacuación eficientes de la energía producida y configuración de los parques con el mínimo impacto medioambiental y social.

Es verdad que no se puede poner un parque eólico en cualquier lugar y, de cualquier forma, es necesario implicar a la población del entorno con las correspondientes compensaciones sociales y económicas. Prioridad en la contratación de personas en el entorno próximo, actuaciones de obras bien planificadas y poco invasivas y acuerdo con entidades ecologistas para diseñar las instalaciones orientadas en el respeto a la naturaleza.

Por tanto, las autoridades locales y la Xunta de Galicia deben ponerse a trabajar de forma coordinada y rápida para aprovechar todo el proceso de inversión que ahora los inversores ven justificados ante la oportunidad generada por la caída del petróleo.

Poner palos a la rueda de la inversión es un lujo que Galicia no puede permitirse, por eso creo que debemos apelar a “os don non” vuelvan a los cuarteles de invierno porque esta guerra no es la suya. Los intereses de los afectados hay que respetarlos con negociación entre partes inteligentes, donde todos ganen y finalmente tengamos una energía limpia y barata y además productiva y competitiva en nuestra Galicia para que pueda convertirse en un referente de cómo hay que hacer las cosas entre todos.