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Faro de Vigo

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Luis Carlos de la Peña

Nadal como síntoma

Tenemos suerte con nuestros deportistas, chicas y chicos. No solo por sus éxitos, evidentes y mantenidos en el tiempo, sino por los valores que encarnan. Iago Aspas, Rafael Nadal, Carolina Marín, Pau Gasol, Alexia Putellas, Jon Rahm, Andrés Iniesta o, hace pocos años, el ciclista Miguel Indurain y en el inmediato futuro quizá Carlos Alcaraz, entre muchos otros, son ejemplos de humildad, de sencillez y sacrificios sin tasa. Personas a las que el éxito en sus especialidades deportivas no les ha hecho perder el sentido de la realidad y la medida de las cosas.

Son casos de ejemplaridad, algo que buscamos en los códigos éticos y, antes, en los manuales de urbanidad. Sin pretenderlo desde la esfera pública, sin dedicar recursos públicos a su saber estar, a comportarse con educación y a respetar a sus rivales, son muchos los deportistas españoles que se ajustan a este modelo. Reúnen en sus personas la admiración y el respeto de todo el mundo por sus logros deportivos pero, que nadie lo dude, lo que los diferencia es la calidad humana que traslucen sus palabras y gestos en cualquier circunstancia, en las derrotas y, más importante, en sus muchas victorias.

Se han enunciado atinadas explicaciones a los éxitos del deporte español. Se considera que el desarrollo medio de nuestro país favorece todavía el crecimiento de esta numerosa colección de grandes deportistas. El acceso generalizado al deporte base, a instalaciones deportivas en todas las localidades y barrios; la participación en clubes deportivos y la formación en escuelas especializadas conforman una extensa infraestructura que permite a las niñas y niños familiarizarse con el deporte y, en su caso, ser orientados por profesionales. Afirman los comentaristas que a mayor desarrollo del país, habrá menos éxitos deportivos. Se argumenta que los jóvenes y sus familias orientarán paulatinamente los esfuerzos en tiempo y recursos hacia los estudios, en detrimento de las inciertas y siempre demasiado cortas carreras deportivas. Mientras ese momento llega, disfrutemos del presente.

Si estos jóvenes que gracias a su sacrificio han alcanzado el éxito, destacan sobremanera por su corrección, sencillez y humildad a medida que se acrecienta su leyenda deportiva, es que no estamos tan mal como a veces tendemos a pensar. Representan, en alguna medida, unas maneras y una educación que se mantienen vivas en la sociedad. Ellos son un éxito también colectivo.

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