No me cuesta imaginar a Feijóo en el papel de Anibal, del Equipo A, diciendo aquello de “me gusta que los planes salgan bien”, aunque tengo algunas dudas de que las cosas hayan salido tal y como Feijóo hubiera querido.

El gabinete de Rueda es la constatación de que Rueda era el que mejor podía dar continuidad a la unidad del partido y del gobierno que consiguiera Feijóo, el que mejor podía incorporar las aspiraciones del partido y de sus barones, y el único que podía hacer que todos, incluido el actual vicepresidente primero, siguieran formando parte del gobierno de la Xunta. Y éste es, sin duda, el escenario deseado por Feijóo para su marcha, aunque no sé si el resultado con el que esperaba terminar su mandato en unos años.

Hay pocos conceptos tan interesantes en la ciencia política como el de Estructura de Oportunidad Política, que refiere los elementos que se conforman decisivos para que una acción tenga éxito, y sin duda una buena parte del hecho de que Rueda sea hoy Presidente de la Xunta tiene que ver con esta idea. Y por eso, su primer gobierno da cuenta de algunos de esos elementos que han definido la estructura de oportunidad desde la que ha accedido a la presidencia.

No dudo de que este es un buen punto de llegada para Feijóo, lo que hay que saber es si para Rueda es también su punto de llegada o solo el de partida. Porque a medida que avance la legislatura, Rueda necesitará empezar a dar forma a su propio equipo de gobierno, a su equipo político de confianza y a colocar a sus piezas en las zonas sensibles de la organización.

La continuidad de Francisco Conde es la señal más fuerte del continuismo de la era Feijóo; pero el papel de Conde en el equipo de Feijóo y en el de Rueda es absolutamente distinto, y no en cuanto a su protagonismo técnico sino en cuanto a su posición de cara al futuro político. Con Rueda de Presidente, las opciones de futuro para Conde han desaparecido, y aunque su protagonismo técnico pueda ser incluso mayor, lo cierto es que las oportunidades políticas se han cerrado para él, y Conde lo sabe.

El caso de Diego Calvo es absolutamente diferente; su entrada en el gobierno de la Xunta le abre posiciones nuevas; con la sucesión de Feijóo ha aprendido que no se puede llegar a la presidencia sin pasar por el gobierno de la Xunta, al menos en un partido cuasi hegemónico y que cuenta con tanta experiencia de gobierno.

El PPG ha vuelto a dar una lección de cómo hacer las cosas en política para no desgastar al electorado, priorizando la unidad por encima de las luchas de intereses que se mueven dentro de toda organización. No es que las discrepancias dentro del PPG sean menores que las que existen en otros partidos; es que se gestionan de manera diferente, porque hay algo que los pone a todos de acuerdo, que no se puede poner en peligro el gobierno de la Xunta, porque este es el primer fin del PPG.

El primer gobierno de Rueda es absolutamente fiel a este principio, pero es solo el principio, el punto de salida.

*Equipo de Investigaciones Políticas USC