Estamos viviendo un episodio de incremento de precios notable y que ocupa un lugar relevante hoy en el debate público y en los privados. Por eso, es importante contextualizarlo, entenderlo y objetivarlo. Como casi siempre, dejarse llevar por opiniones alarmistas o catastrofistas no es la mejor opción. Algunas ideas al respecto.

España no tiene un problema con la inflación muy diferente al de los países de nuestro entorno. Si igualamos a 100 el nivel de precios en enero de 2015 en todos los países, España estaba en enero de 2021 en 104.3; y en 110.0 en noviembre pasado. Para Alemania, esas cifras son 106.3 y 110.5; para el conjunto de países de la Unión Europea: 106.3 y 111.1.

El origen del episodio de inflación está, fundamentalmente, en el sector energético y es a escala internacional. Como España es un país más dependiente que otros de importaciones de fuentes primarias de energía y nuestro sistema de precios traslada con mayor velocidad que otros los cambios de coyuntura en los mercados, comparativamente el efecto ha sido algo superior.

Una parte importante de ese dinero adicional que estamos pagando todos por la energía se va al exterior. Los españoles, en su conjunto, nos estamos empobreciendo. Nos hemos empobrecido. Y tenemos que asumirlo. Aunque no olvidemos que en 2021 la inflación media fue del 3.1%, ya que las tasas por encima del 5% solo afectaron a la parte final del año. Esperamos que una parte ese empobrecimiento sea transitorio, que en la segunda mitad del año veamos tasas de variación interanual del IPC negativas. Pero es difícil saber cuánto.

Es comprensible que todos queramos recuperar esa pérdida de poder adquisitivo, que los trabajadores pidan subidas salariales elevadas, que los empresarios pretendan trasladarlo a precios para evitar cercenar los beneficios… Y habrá quien lo consiga, el que tenga una posición de poder monopolística o gran capacidad de presión. Pero ese no es el camino colectivo. Si todas las rentas (salarios, pensiones, beneficios empresariales, alquileres…) subiesen mañana un 5%, seguiríamos siendo igual de ricos (o pobres) colectivamente. Lo único que conseguiríamos es que el episodio transitorio de inflación se prorrogue en el tiempo y pueda enquistarse.

La solución colectiva debe ir en la línea del gran pacto salarial que están explorando ya sindicatos y patronal. Ese sí es el camino. Como con la reforma laboral, los agentes sociales son la clave; bueno es que el Gobierno lo reconozca y asuma, e incentive el proceso de diálogo

*Director de GEN (UVigo) y del Foro Económico de Galicia