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Faro de Vigo

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Crisis del COVID-19 e integración económica de África

La pandemia del COVID-19 ha cobrado ya un pesado peaje en África, no solo en vidas humanas, sino también en la parálisis de la actividad económica y una grave recesión de la producción. Las causas residen en la caída internacional de los precios de las materias primas, la reducción drástica de los flujos turísticos y de las remesas de los emigrantes, lo que ha provocado una elevación de la inseguridad alimentaria por pérdidas de capacidad de compra y aumentos de los precios de los alimentos.

El cierre de fronteras ha provocado pérdidas de bienestar considerables en comparación con un escenario no-COVID-19, sin aislamiento internacional. Este aislamiento por cierre de fronteras ha afectado a los más pobres, más concretamente a pequeños comerciantes transfronterizos, trabajadores agrícolas e informales. La pandemia ha puesto de manifiesto las deficiencias en los procedimientos de gestión en frontera del comercio, en un momento en que era necesario garantizar una mayor fluidez en el tránsito internacional de bienes importados y paliar la difusión del virus.

En este contexto, la implantación del Acuerdo de Libre Comercio Africano sería fundamental. En el corto plazo, el acuerdo permitiría amortiguar los efectos negativos del COVID-19 sobre el crecimiento económico, apoyando el comercio regional y las cadenas de valor a través de la reducción de los costes de transacción. A largo plazo, el Acuerdo de Libre Comercio Africano ayudaría a estabilizar las expectativas proporcionando un camino hacia la integración y la adopción de reformas políticas que promuevan el crecimiento. En suma, la pandemia ha aumentado la necesidad y urgencia de una creciente cooperación entre socios comerciales africanos. Ello implica superar la actual situación del rompecabezas de acuerdos regionales, promoviendo las reformas comerciales necesarias para una mayor integración.

En este sentido, hoy en día, África debería promover el comercio alimentario intraafricano, a través de la intensificación del proceso de integración económica; esto es, basándose en la armonización de las reglas comerciales en materia de alimentos y políticas tarifarias y no-tarifarias mediante la coordinación en el seno de las actuales Comunidades Económicas Regionales (CER). La pandemia ofrece una oportunidad para tratar de hacer frente a los actuales déficits estructurales del sector agrícola africano, reducir la alta dependencia de los mercados agrícolas globales y desarrollar su propio sector agroalimentario y con ellos su base industrial.

Como señalan con acierto los dirigentes de la Unión Africana la pandemia ha puesto de manifiesto la urgencia de la integración del continente, incluyendo el desarrollo de la base manufacturera en varios sectores y el fomento del comercio intraafricano. El COVID-19 requiere una respuesta que incluya el frente económico y sanitario. En el frente económico, el comercio internacional juega un papel fundamental. Y en el frente sanitario, los países africanos necesitan importaciones de productos médicos y farmacéuticos para testar, proteger y tratar el virus.

La escasez de bienes esenciales la sufren en primer lugar las economías de reducido tamaño, que ven acrecentarse las dificultades para adquirir tales bienes, por la inaccesibilidad creciente de los mercados globales y la falta de capacidad productiva doméstica. Incluso para las mayores economías, el desarrollo de vínculos regionales más fuertes ayudaría a atraer inversión, desarrollar las infraestructuras y crear economías de escala, que beneficiaría a la recuperación pospandémica.

Pero las dificultades de acceso a los mercados financieros internacionales son evidentes. Son consecuencia de la reducción drástica del margen fiscal de los gobiernos y de su baja capacidad para hacer frente a los compromisos de financiación de la deuda. Los países que sufren más esta situación son aquéllos que partían de elevados niveles de endeudamiento (Angola, Nigeria, Ghana) y, por tanto, con mayores limitaciones para atender los pagos.

Desde un punto de vista sanitario, es necesario ejecutar plenamente el plan COVAX (Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19), para que África no se quede atrás en la vacunación, considerando la vacuna como un bien público global. O nos vacunamos todos o nadie está seguro, desde el punto de vista de nuevos contagios.

Garantizar un acceso equitativo y equilibrado a las vacunas no es sólo una cuestión de justicia. Es una cuestión de seguridad mundial y, por lo tanto, de interés común.

Un calendario de entrega de COVAX país por país claro y seguro en África es vital. Pero la simple donación de excedentes dista mucho de ser suficiente. Se deben obtener recursos financieros adicionales para fortalecer sus capacidades de almacenamiento, transporte, distribución y administración.

Además, en respuesta a la crisis actual y de cara al futuro de futuras pandemias, África debe fortalecer y ampliar sus propias capacidades de fabricación de vacunas, con el apoyo de sus asociados.

Asegurarse de que África sea capaz de gestionar la crisis actual y al mismo tiempo prepararse para el futuro es una cuestión urgente de seguridad mundial.

*Catedrático Emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de AMENET (Africa, Mediterranean, and Europe Jean Monnet Network, UE)

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