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Faro de Vigo

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Santiago Lago Peñas.

Santiago Lago Peñas

Director de GEN (UVigo) y del Foro Económico de Galicia

Sobre externalidades, normativas y sentidiño

De forma recurrente llega a mi información sobre situaciones que claman al cielo. Perros que no paran de ladrar confinados en pisos y que sus dueños se limitan a atender unos minutos cada dos o tres días; proyectos de gasolineras a escasos cinco metros de urbanizaciones instaladas hace décadas o de parques eólicos con molinos de doscientos metros de altura en el medio de valles habitados; chimeneas en las que se quema continuamente residuos forestales y cuyo humo envuelve a todas las casas alrededor por la orientación del viento; discotecas y karaokes que se abren en los bajos de viviendas. ignorando que tan molesto o más que el ruido es el de las aglomeraciones de personas a las puertas a las tres de la mañana… Seguro que el lector tiene algún otro ejemplo en el que alguien, voluntariamente o no, molesta y mucho a sus vecinos.

En la jerga de los economistas, genera externalidades negativas que padecen terceros, que ven puesto en riesgo su descanso o salud, que ven reducido el valor de alquiler o venta de sus inmuebles.

El sentidiño recomendaría instalar esas discotecas, molinos y gasolineras donde no molestasen; que los perros no viviesen presos sin control o que la chimenea aumentase su altura lo suficiente para no molestar. Lo malo es que, en la mayoría de las ocasiones, las normativas adolecen de falta de sentidiño y no impiden que la gente provoque sin coste esas externalidades. Los responsables municipales, la policía y los ciudadanos se ven atados de manos.

Esto tiene que acabarse. Es urgente introducir en las normativas a los diferentes niveles, desde ordenanzas municipales a leyes, el concepto de las externalidades negativas y la protección ante ellas.

*Director de GEN y del Foro Económico de Galicia

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