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Faro de Vigo

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Luis M. Alonso.

Sol y sombra

Luis M. Alonso

La condena etarra

La vara de medir es relativa en diversidad de ocasiones. En la política española suele ser, además, un hecho desconcertante. Los socialistas le exigen ahora a EH Bildu, que les permite gobernar en Navarra, la condena de ETA y el reconocimiento del daño causado para alcanzar “acuerdos de envergadura”. No hace todavía tres años, cuando negociaron con los bilduetarras la presidencia de María Chivite en Pamplona, estos últimos estaban en la misma posición que jamás abandonaron respecto a la banda armada que sembró el país de víctimas. Cabe preguntarse por qué entonces no exigieron lo que en estos momentos anuncian como requisito para seguir entendiéndose con el partido de Otegi. ¿Acaso no era aquel un acuerdo de envergadura? ¿Es la importancia el requisito para negociar con quienes se niegan a condenar a los asesinos? ¿Se deben acordar con ellos cosas pequeñas prescindiendo de las grandes?

Cualquier persona extremadamente cínica sería capaz de establecer que la política tiene sus ritmos y que lo que ahora parece imprescindible desde el punto de vista de la higiene democrática no lo era hace veinticuatro horas. Pero hay cinismos que resultan insoportables, sobre todo cuando se trata de correr un tupido velo sobre el dolor de tantos ofendiendo a las víctimas y dando oxígeno a los herederos de los verdugos. ¿Cómo vamos a olvidar algo tan reciente y que nos hizo sufrir 40 años?, se preguntaba oportunamente Javier Marías, a propósito de su novela Tomás Nevinson y de las palabras del socialista Odón Elorza cuando dice que a ETA hay que dejarla en paz.

Pronto averiguaremos en qué consiste en realidad la “condena taxativa” que ahora le exige el líder del PSE, Eneko Andueza, a Arnaldo Otegi y a la izquierda abertzale proetarra para entenderse en asuntos “de envergadura”. ¿Es la convalidación en el congreso de la reforma laboral pactada por Yolanda Díaz con la CEOE y los sindicatos? Permanezcan atentos a la pantalla.

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